+ Se murió el que tenía las contraseñas
Tlajomulco de Zúñiga, el municipio más poblado de la Zona Metropolitana de Guadalajara, lleva más de una semana con sus sistemas informáticos completamente bloqueados, sin que hasta ahora nadie haya podido resolverlo. Los ciudadanos no pueden pagar el predial, el agua ni realizar ningún trámite en el Centro Administrativo Municipal, ni de forma presencial ni en línea. La razón, digna de una comedia de enredos: nadie tiene las contraseñas.
El origen del problema es tan simple como embarazoso. El responsable de Tecnologías de la Información de la administración anterior se fue sin entregar las claves maestras de los softwares del ayuntamiento. Para recuperarlas, la nueva administración recurrió a un hacker, que no solo no pudo entrar, sino que activó un candado de seguridad que bloqueó todo el sistema. Entonces llamaron a la empresa que instaló el programa, que tampoco pudo hacer nada. Finalmente acudieron representantes de Microsoft, que explicaron amablemente que ellos solo vendieron las licencias.
Las consecuencias ya se sienten en la vida cotidiana del municipio. Los camiones recolectores de basura no pueden cargar combustible porque el sistema de gasolina también depende de esas contraseñas extraviadas. Dentro del Palacio Municipal, fuentes internas advierten que el pago de la quincena a los trabajadores podría estar en riesgo si la parálisis se prolonga. Y los ciudadanos siguen haciendo fila en el CAT solo para escuchar que no hay sistema.
La historia tiene un giro trágico: el funcionario que tenía las contraseñas, Christian Emmanuel Venegas Paredes, falleció a principios de 2025 a causa de cáncer de estómago, sin haber entregado formalmente las claves a nadie. El proceso de entrega-recepción entre administraciones nunca se realizó de manera adecuada, y ahora el municipio paga las consecuencias.
La versión oficial del ayuntamiento atribuye todo a una falla eléctrica que afectó temporalmente el Data Center municipal. Las autoridades no han emitido ningún comunicado público que informe a los ciudadanos de la situación, por lo que los vecinos se enteran del problema hasta que llegan a hacer fila y un empleado les explica, con toda la calma del mundo, que no hay sistema.



































































