Por Gustavo González Godina
A cada capillita le llega su fiestecita, decimos en México; a cada cerdo le llega su San Martín, dicen en España. Bien podríamos agregar, para darles actualidad a esos refranes, que a cada narco-político le llega su orden de extradición. Ya les llegó a los de Sinaloa, un día de estos (porque no hay de otros) les llegará a los de Baja California, de Tamaulipas, de Tabasco, de Guerrero… todos de Morena, que es el brazo político del narcotráfico. Y a los de más arriba, a los Monreal, a las Alcalde, a los López Beltrán… y ya entrados en gastos hasta mero arriba, hasta La Chingada…
No sé qué habrá dicho la presidenta Claudia Sheinbaum en su mañanera del jueves, porque escribo esto el miércoles por la noche, pero la de hoy (miércoles) fue la más corta de su historia, porque le urgía encontrar un camino para salir del berenjenal, ya que desde el martes por la tarde supo, por su secretario de Relaciones Exteriores, que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos estaba pidiendo la aprehensión, con fines de extradición, de las siguientes personas:
Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa; el senador Enrique Inzunza Cázarez; el exsecretario de Administración y Finanzas, Enrique Díaz Vega; el vicefiscal Dámaso Castro Zaavedra; el comisario general de la Policía de Investigación, Marco Antonio Almanza Avilés; el excomisario Alberto Jorge Contreras Núñez; el exsecretario de Seguridad Pública Gerardo Mérida Sánchez; el comandante José Dionisio Hipólito; el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil; y el comandante municipal Juan Valenzuela Millán.
No sé qué dijo, pero debe haber dicho que quiere pruebas y que no se metan con sus narcos. Las pruebas las tendrá, pues ya presentó la acusación formal la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York y para hacerlo necesita tenerlas. Y en cuanto a sus narcos, más vale que se vaya acostumbrando y negociando su propio pellejo, pues su campaña fue financiada con dinero del Cártel de Sinaloa, entre otros, y eso la tiene adentro. Si no llegan hasta Ella será para evitar un conflicto diplomático mayúsculo e impredecible.
Me preguntaba la semana pasada un joven arquitecto que está construyendo una casa frente a donde vivo, que si yo le veía alguna salida, algún final, a la situación de violencia y corrupción por la que atraviesa nuestro país, le dije que no. No en este sexenio, ni en el siguiente si logra Morena imponer al nuevo gobierno, que para eso destruyó las instituciones y se apoderó de los tres poderes de la Unión, del INE y de los tribunales electorales, para manejar las elecciones a su antojo igualito que lo hacía el PRI en sus mejores tiempos. A menos…
A menos… -le dije al joven profesionista- que el gobierno de Donald Trump venga y se lleve a unos cuantos narco-políticos, y con eso se vea forzado el narco-gobierno a modificar el férreo control de todas las nuevas instituciones que creó para controlarlo todo, como por ejemplo a dar marcha atrás con la reforma al Poder Judicial, que creó una nueva Suprema Corte de Justicia del Acordeón; y a respetar el resultado de las elecciones de 2027, en las que está previsto que perderá por lo menos seis gubernaturas y la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Pero esto, repito, siempre y cuando haya una fuerte presión de los Estados Unidos, que por lo visto ya empezó, y que la Presidenta esté dispuesta a negociar, rompiendo con López Obrador y rompiéndole la madre a Morena.
Hasta le di nombres al Arquitecto, le dije por ejemplo que se lleven los gringos a los gobernadores de Sinaloa, Baja California y Tamaulipas, a Adán Augusto y a alguno de los hijos del Mesías Tropical. Bueno, ya empezaron…
Hace tres semanas, en una reunión familiar me preguntó un talentoso ingeniero en electrónica cómo le había hecho yo para lidiar con las bandas del narcotráfico en Veracruz, donde sabía él que habían asesinado a varios periodistas. “Mira -le dije-, en primer lugar no agarrándoles dinero, porque si te gana la ambición y les agarras unos cuantos miles de pesos ya valiste madre, ya estás adentro y no te puedes zafar, a varios de los que mataron los conocí y llegué a convivir con ellos, y sabía yo que recibían dinero de los Zetas. Qué pasa… que llega otra banda y se apodera de la plaza, como llegaron a Veracruz los del CJNG que se hacían llamar Los Matazetas, y arrasan parejo con todos los que tenían que ver con el cártel anterior, matan a políticos, policías, periodistas… todos corruptos, todos los que recibían dinero de la mafia anterior”.
“Eso es lo primero -le expliqué a mi amigo el Ingeniero-, lo segundo es saberlos torear. Si te ofrecen dinero, no, gracias, no quiero tener problemas con ustedes, ni ustedes los van a tener conmigo, si algo (del periódico) se les ofrece, me hablan y vemos qué y cómo se puede hacer, pero sin dinero”. Le platiqué una anécdota: “Mira, una vez encontraron cuatro cuerpos enterrados a la orilla de un camino, era una buena nota, y me hablaron (los Zetas) para pedirme que no sacara la nota, que porque ellos no habían sido quienes los mataron. Les dije: pero es una buena nota, no podemos pasarla por alto, lo que podemos hacer es publicarla sin mencionarlos a ustedes. ¡Ándale!, así mero… Y así lo hicimos”.
Otra vez se pusieron muy pesados en la Redacción, llegaron en tres camionetas, armados, fachosos, no había necesidad porque iban a pedir un favor, querían una nota que les favorecía, les dije que lo pensaría y me empezaron a gritar y a amenazar, lo que hice fue gritarles más fuerte y hacerlos entrar en razón: Ya sé -les dije- que los mandó fulano de tal, si me hacen un desmadre aquí luego la van a pagar con él, porque los mandó a hacer relaciones públicas, no a gritar y a amenazar, así que bájenle dos rayitas y a lo mejor nos entendemos…
Y lo mismo vale para los periodistas que para los políticos, si le agarras dinero al narco… lo que mal empieza mal acaba. Uno de los de Sinaloa que quieren los gringos recibía 110 mil dólares al mes, nomás…
Cuando veas las barbas de Maduro cortar, pon las tuyas a remojar.



























































