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Prometen salud universal, pero sin médicos ni medicamentos

El gobierno federal alista la creación del llamado Sistema Universal de Salud (con una nueva credencial, sí, otra), una apuesta que busca integrar en un solo esquema al IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar, con la promesa de que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución pública, sin importar su afiliación.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha presentado el proyecto como una medida para hacer más eficiente la atención médica y ampliar la cobertura, incluso para mexicanos que viven en el extranjero. Bajo esta lógica, el sistema permitiría dar continuidad a tratamientos, compartir servicios entre instituciones y facilitar el acceso a consultas, estudios y hospitalización en toda la red pública.

Para ello, del 13 al 30 de abril iniciará el registro para la credencialización, comenzando con las personas de 85 años y más en los 2 mil 59 módulos de la Secretaría del Bienestar que hay en el país.

“Nadie debe de temer que alguien va a ocupar su espacio”, comentó ante la credencialización.

De acuerdo con el cronograma presentado por la Secretaría de Salud, el sistema universal comenzará a funcionar en enero de 2027 con una primera etapa de integración que incluye ocho ejes de eventos y enfermedades que podrán ser atendidos en cualquier unidad de salud: la atención universal a urgencias y continuidad de hospitalización; la atención a embarazos de alto riesgo; la atención a infartos y eventos cerebrovasculares; la atención y diagnóstico de cáncer de mama; la continuidad de tratamientos para enfermedades como cáncer e insuficiencia renal en el mismo hospital; y la universalización de las vacunas en todos los hospitales públicos.

“El objetivo es que cualquier mexicano pueda ir a atenderse de cualquier padecimiento a cualquier institución de salud y pueda ser recibido”, explicó Sheinbaum.

La segunda fase del plan contempla que, para el segundo semestre de 2027, comience el intercambio de servicios especializados entre instituciones, por ejemplo, de laboratorio, imagen o radioterapia. Se trata de un esquema que pretende aumentar la eficiencia de los recursos de cada institución para agilizar resultados de estudios y diagnósticos.

“El servicio universal de salud garantizará que si una persona inicia un ciclo de una enfermedad de este tipo en una institución, pueda permanecer durante todo el ciclo de tratamiento en la misma institución”, afirmó Eduardo Clark, subsecretario de Integración Sectorial y Coordinación de Servicios de Atención Médica.

En la tercera etapa, planeada para arrancar en 2028, la universalización abarcará tres puntos: la entrega universal de recetas médicas en cualquier institución, el intercambio de servicios para consulta de especialidad referenciada y la homogeneización en el primer nivel de atención para tratar padecimientos crónicos degenerativos como la diabetes.

Fracaso a la vista…

Sin embargo, más allá del planteamiento, el proyecto ha encendido cuestionamientos por la forma en que se pretende implementar. La principal preocupación radica en que la ampliación del acceso no viene acompañada, hasta ahora, de un incremento en infraestructura, personal médico o presupuesto, lo que implicaría atender a más pacientes con los mismos recursos.

Actualmente, tanto el IMSS como el ISSSTE enfrentan altos niveles de saturación, rezagos en cirugías, citas diferidas y problemas recurrentes en el abasto de medicamentos. En ese contexto, especialistas advierten que la incorporación de millones de personas sin seguridad social podría trasladar aún más presión a estas instituciones, en lugar de resolver las deficiencias estructurales del sistema.

A esto se suma un factor práctico: la población tendería a buscar atención en los hospitales con mayor capacidad, principalmente IMSS e ISSSTE, dejando en segundo plano al IMSS-Bienestar. El resultado, señalan, sería una concentración de la demanda en las unidades que hoy ya operan al límite, con el consecuente aumento en tiempos de espera y desgaste del personal médico.

Otro de los puntos que genera inquietud es el financiamiento del modelo. Aunque se plantea una cobertura más amplia, no se ha detallado de qué manera se sostendrá el costo de la atención universal ni qué implicaciones tendría para las cuotas que actualmente aportan los derechohabientes. Incluso, algunas voces advierten sobre el riesgo de utilizar recursos destinados a reservas o pensiones para cubrir la operación del sistema.

El antecedente más cercano es el intento de centralización impulsado en el sexenio anterior con el Insabi, que fracasó en medio de problemas de planeación y financiamiento, dando paso al actual modelo de IMSS-Bienestar. En ese sentido, el nuevo proyecto revive el objetivo de universalizar la atención médica, pero también las dudas sobre su viabilidad.

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