+ Se originó en oleoducto de la Sonda de Campeche
Luego de semanas de versiones poco claras, Pemex finalmente admitió que el derrame de petróleo registrado en febrero en el Golfo de México tuvo origen en uno de sus propios ductos, y no a buques no dentificados o chapopoteras.
Funcionarios de Pemex lo supieron desde los primeros días de febrero, lo ocultaron e intentaron repararlo sin informar a su director general Víctor Rodríguez, según reveló ayer el funcionario. La realidad es que la fuga provino de un oleoducto de 36 pulgadas ubicado en la zona de plataformas de Abkatún, en la Sonda de Campeche.
El reconocimiento marca un giro en la versión oficial, ya que en los primeros reportes el incidente fue señalado como menor e incluso se dejó entrever que podría tratarse de responsabilidad de terceros.
Rodríguez aceptó que hubo fallas en los protocolos internos, particularmente en la forma en que se reportó el incidente, lo que impidió dimensionar a tiempo la magnitud real del derrame.
“Estamos revisando porque algo falló en la cadena de información. Si no, nos hubiéramos inmediatamente dado cuenta de la magnitud, y hubiéramos actuado en consecuencia y este se detectó como un incidente menor, así fue declarado, pero algo falló en los protocolos que efectivamente es nuestra tarea principal que hemos estado haciendo la revisión de todos esos protocolos. El cierre de la válvula principal se realizó el 14 de febrero, 8 días después de que se detectó la fuga”, dijo.
Por este caso, la ASEA ya presentó una denuncia penal ante la Fiscalía
Además se informó la separación de tres funcionarios, Saúl Andrés Orueta Álvarez, Subdirector de Seguridad, Salud y Protección Ambiental; David Gustavo González López, Coordinador de Control Marino de Derrames y Residuos y José de Jesús Chávez Vázquez, Director de Derrames.
El derrame de hidrocarburos registrado en el Golfo de México se ha convertido en uno de los principales eventos ambientales del año en el país, tanto por su extensión como por la incertidumbre en torno a su origen.
El fenómeno comenzó a detectarse desde febrero y marzo de 2026, cuando imágenes satelitales evidenciaron la presencia de una mancha de petróleo en aguas marinas, que posteriormente llegó a las costas de estados como Veracruz, Tabasco, Campeche y Tamaulipas.
Con el paso de los días, el impacto se hizo más evidente: cientos de kilómetros de litoral resultaron contaminados, con reportes que estiman afectaciones de entre 600 y más de 900 kilómetros de costa.
Esto implicó daños directos a ecosistemas marinos, fauna y actividades económicas clave como la pesca y el turismo. Brigadas gubernamentales han trabajado en labores de limpieza, logrando recolectar cientos de toneladas de material contaminante, aunque el proceso de remediación podría extenderse por meses.



































































