El legado de un alcalde silenciado
Esta semana, Grecia Quiroz asumió la presidencia municipal de Uruapan, Michoacán, tras el asesinato de su esposo, el alcalde Carlos Manzo, acribillado la noche del 2 de noviembre mientras participaba en las celebraciones del Día de Muertos.
Entre gritos de “¡presidenta!” y “¡no estás sola!”, Quiroz lelegó al Congreso de Michoacán, en Morelia, para rendir protesta y continuar el mandato que su esposo no pudo concluir. Vestida de negro y con uno de los característicos sombreros que él solía portar, prometió seguir el legado del político que había convertido su lucha ciudadana en un símbolo de resistencia, bajo el llamado “Movimiento del Sombrero”.
“Así hayan callado su voz, esto seguirá”, declaró la nueva alcaldesa con un tono firme pero visiblemente afectado.
El crimen de Manzo conmocionó a Michoacán y al país. No solo por su brutalidad —siete disparos frente a decenas de personas en plena plaza pública—, sino porque se sumó a una larga lista de asesinatos políticos que evidencian el riesgo de gobernar en regiones dominadas por el crimen organizado.
Solo en los últimos tres años, siete alcaldes han sido asesinados en Michoacán, un estado donde conviven y se disputan el territorio células del Cártel Jalisco Nueva Generación, La Familia Michoacana, Los Viagras, Los Caballeros Templarios y Los Blancos de Troya.
Manzo, de 40 años, había denunciado públicamente amenazas y la falta de acción de las autoridades estatales para frenar la violencia. Aun con la presencia de 14 elementos de la Guardia Nacional asignados a su seguridad, fue asesinado a unos metros de ellos.
“Qué triste que tuvieron que matarlo para que voltearan a ver Uruapan, para que ahora sí quieran mandar seguridad”, reclamó su esposa entre aplausos y lágrimas.
Tras el crimen, las protestas se extendieron por Uruapan, Morelia y Apatzingán, donde semanas antes también había sido ejecutado un líder de productores de limón.
La presidenta Claudia Sheinbaum se reunió con Quiroz y prometió apoyo a través del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, un programa de refuerzo a la seguridad estatal.
Pero en Uruapan, la esperanza convive con la desconfianza. La viuda del alcalde lo sabe y lo dijo sin rodeos: seguirá el legado de su esposo, pero con la conciencia de que en México, luchar por la justicia todavía cuesta la vida.





























































