Por Gustavo González Godina
Claudia Sheinbaum está nerviosa y está haciendo el ridículo. No se explica la derrota del socialismo en Chile después de 34 años de gobiernos de izquierda, desde que terminó la dictadura del general Augusto Pinochet que mediante un golpe de estado terminó con el experimento comunista de Salvador Allende en aquel país. Está nerviosa, y sin pregunta de por medio dijo en su mañanera que en México no va a pasar eso. Solo se le preguntó qué opinaba del triunfo del ultraderechista José Antonio Kast y enseguida puso Ella a México frente al espejo de Chile, diciendo que aquí el pueblo adora a Morena y que nunca le va a dar la espalda.
Sin duda Sheinbaum confía más en los programas sociales, en darles dinero en efectivo a las personas de la tercera edad, a estudiantes, jóvenes sin oficio ni beneficio, madres solteras y hasta a presos, que en gastar en medicamentos, en combatir a la delincuencia, en educación y en justicia y por eso cree que el pueblo de México ama a Morena. Se le olvida que la clase media (mayoría) y los sectores productivos como los agricultores, limoneros, aguacateros, ganaderos y transportistas están muy inconformes con las condiciones de inseguridad, violencia y extorsión que están padeciendo, y que dieron muestras ya de que no están dispuestos ni siquiera a quedarse callados.
Las marchas y manifestaciones multitudinarias contra Morena y su 4-T (que a algunos necios les parecen una farsa), junto con los bloqueos carreteros que han organizado los agricultores y transportistas de todo el país, deberían ser una señal para la Presidenta de México de que no todo anda bien aquí, sino todo lo contrario, y que la inseguridad, la violencia, los asesinatos políticos y la extorsión, principalmente, pueden ser un aviso de que los programas sociales no bastan y de que en las elecciones intermedias de 2027 Morena se podría llevar una sorpresa.
Por eso el espejo de Chile le queda chiquito al caso de México. Si allá perdió la izquierda, como ha perdido en Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y otros países de América Latina, la izquierda mexicana no está blindada, y mucho menos ahora que hay dos corrientes claramente marcadas al interior de Morena, la de la presidenta Claudia Sheinbaum que quiere gobernar pero no la dejan, y la de La Chingada que no permite entambar a los principales narcotraficantes y huachicoleros del gobierno, mismamente porque entre estos están los hijos del viejito zancas miadas. Esa fractura más tarde que temprano va a hacer crisis y dentro de poco más de un año podría causar la pérdida de algunas gubernaturas y de la mayoría legislativa. Morenos a la greña por un lado y productores y clase media inconformes por la otra, podrían ser el principio del fin de la incipiente dictadura. Si cayó la izquierda en Chile, podría caer también en México. Y más si antes se cae Nicolás Maduro en Venezuela.
Y está haciendo el ridículo Claudia Sheinbaum en la defensa del dictador de Venezuela ante el acoso de Estados Unidos que cañonea, destruye y no deja salir las lanchas cargadas con droga de Maduro, y el bloqueo ahora para que tampoco puedan salir de Venezuela los buques tanques petroleros, ante eso la Presidenta de México hizo un llamado a la ONU para que intervenga en el conflicto, justamente después de que Maduro habló con el Secretario General del organismo internacional para pedirle lo mismo, señal de que están desesperados y ven inminente la escalada del conflicto al enfrentamiento armado. Que está contra el intervencionismo -dijo Sheinbaum- y que los conflictos internos los debe resolver cada pueblo por la vía pacífica y que cada pueblo elija a quien lo gobierna. Sí, ahora sí, pero se le olvidó decir algo, ni pío, cuando Maduro perdió claramente la última elección y reprimió a balazos, persecución y cárcel a los opositores que protestaron. Dos varas para medir, se defiende a una dictadura, pero se ignora al pueblo que la padece.
El mayor ridículo de la señora Sheinbaum, sin embargo, fue ofrecer a México como país mediador entre Estados Unidos y Venezuela. Nadie la peló, ni siquiera el loco de Petro en Colombia ni Lula en Brasil. México está solo en América Latina, ya no son los años 80 y 90 del siglo pasado cuando su voz pesaba en los conflictos del continente, su amistad con las dictaduras de Cuba. Nicaragua y Venezuela lo ha aislado, y más aislado quedará cuando caiga Nicolás Maduro, será el fin en Venezuela y será el principio del fin en México, no hay mal que dure cien años ni enfermo que los aguante.
Qué ridículo… cuando Miley en Argentina se ha declarado aliado incondicional de Estados Unidos contra Maduro, y el nuevo presidente Kast de Chile ha dicho ya que si los gringos intervienen en Venezuela su país apoyará a Estados Unidos, México aboga por la defensa del dictador venezolano y se ofrece como país mediador. En 2027, creo, cambiará el panorama…





























































