Por LN. María Marcela Sánchez Díaz
La inflamación como tal es una reacción de nuestro cuerpo y que corre a cargo del sistema inmunitario con el propósito de reparar aquel tejido orgánico que ha sido dañado, sin embargo, muchas patologías crónicas inician por la constante inflamación crónica de bajo grado, ya que al estar activa diariamente, daña al cuerpo de manera sistémica, desregulando la homeostasis (equilibrio), alterando el ADN y aminorando la efectividad del sistema inmunológico, elevando el riesgo de enfermedades como la obesidad, la diabetes, la depresión, enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares, enfermedad renal crónica, hígado graso no alcohólico, enfermedades autoinmunes, hasta el cáncer.
Los alimentos que consumimos pueden tener un impacto significativo como factor desencadenante de este tipo de inflamación, es decir, existen muchos alimentos llamados proinflamatorios: alimentos fritos con aceites parcialmente hidrogenados, o los hechos con aceites recalentados, grasas trans o saturadas, embutidos, algunos lácteos, los altos en azúcar, los alimentos ultraprocesados etc. basta con verificar los sellos del empaquetado y leer sus ingredientes y reconocerás los que aumentarán dicha inflamación.
Es decir, los alimentos antes mencionados producen un desequilibrio en la microbiota intestinal, al hacer impermeable nuestra mucosa intestinal provocando que, tras el metabolismo moléculas tóxicas y demás microorganismos entren y salgan como Juan por su casa y lleguen al torrente sanguíneo y nuestro sistema inmunológico estará elevando la inflamación tratando de protegernos, lo que se vuelve un círculo vicioso de no modificar nuestros hábitos de alimentación, ¿cómo hacerlo? Verifica que tu dieta contenga alimentos frescos, altos en fibra, con el menor procesamiento, sin conservantes, aditivos o colorantes, bajos en azúcar y grasas, es decir, come lo que realizas en tu casa, procurando higiene, y estableciendo horarios específicos para cada tiempo de comida.
Ahora bien, es necesario mencionar que nuestros músculos nos dan fuerza y protección estructural, lo que permite se gestione de manera adecuada la glucosa en el cuerpo, por lo que, a mayor masa muscular mejor funcionarán los receptores de insulina, esto también ayuda para que bajen los niveles de inflamación, por ello, llevar una vida sedentaria no es recomendable, por ello, se insiste en la práctica usual de alguna actividad física o ejercicio que implique movimiento consecutivo, de fuerza etc. Ya que se asocia con un menor riesgo de enfermedades crónicas al minimizar dicha inflamación a través de reducir la grasa corporal, que es el mayor determinante de la inflamación. Recuerda que los nutriólogos te decimos lo que debes comer y sugerimos los ejercicios que puedes realizar, pues lo indicado es personalizar tu plan de tratamiento a seguir, no lo pienses más, y acude a tu consulta nutricional, tu salud te lo agradecerá.





























































