+ Aficionados golpearon cristales y lanzaron amenazas
Lo que debía ser una fiesta futbolera rumbo a la final de la Liga de Expansión, terminó generando momentos de tensión, reclamos y hasta incidentes durante la venta de boletos para el duelo de vuelta entre Tepatitlán FC y la Jaiba Brava de Tampico-Madero.
Luego de que medios tamaulipecos y aficionados celestes acusaran que no hubo venta de boletos para seguidores visitantes y señalaran presunta reventa masiva en Tepatitlán, versiones cercanas a la organización del evento aseguran que la situación fue muy distinta y que las restricciones tuvieron como principal motivo la seguridad.
De acuerdo con información recabada, sí existió límite en la compra de boletos para abonados: únicamente podían adquirir tres entradas por persona. Actualmente, el club alteño cuenta con cerca de 300 abonados, por lo que buena parte del estadio prácticamente ya estaba comprometida desde antes de abrir la venta general.
Cada estadio maneja políticas distintas para la asignación de boletaje. Ejemplo de ello son clubes de Primera División como Tigres o Chivas, donde gran parte del aforo suele estar destinado a abonados desde antes de liberar entradas al público.
El día de la venta, el problema escaló con aficionados de ambos equipos para intentar conseguir boletos.
Personal presente durante la venta relató que hubo momentos de tensión cundo algunas personas golpearon cristales, lanzaron reclamos agresivos e incluso amenazaron al personal ante la falta de entradas disponibles.
El tema de seguridad no sería menor. La porra principal de la Jaiba Brava, conocida como “La Terroraizer”, tiene antecedentes de comportamiento agresivo en distintos encuentros, situación que habría influido para limitar la presencia organizada de aficionados visitantes en el estadio alteño.
Fuentes cercanas a la logística señalaron que la decisión de no destinar una zona específica para seguidores tampiqueños no respondió a un tema deportivo ni de exclusión, sino a evitar riesgos dentro y fuera del inmueble, cuya capacidad apenas supera los ocho mil aficionados.
Y es que conforme se acerca una final, la pasión suele elevarse al máximo. Pero también deja claro que, cuando la rivalidad rebasa ciertos límites, el ambiente futbolero puede transformarse rápidamente en un problema de seguridad.