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Opinión

La educación no mejora con prohibiciones

Por Oscar Miguel Rivera

¡Hola a todos! Hoy les traigo algo que para mí parece un análisis y crítica, pero usted tendrá su propia impresión, según su perspectiva, sobre un tema de la restricción de comida chatarra en las escuelas de educación básica, considerando que en México, la educación no tiene mando.

El tema de la educación en México está en crisis. Y no hablo solo de los alumnos, sino de quienes deberían estar al frente de mejorarla. Mario Delgado Carrillo, el secretario de Educación, parece más preocupado por sus propios intereses que por trabajar con los maestros. Desde que llegó al cargo, su relación con los sindicatos ha sido pésima.

Su primer gran error fue con la ley del ISSSTE. Una ley que, en teoría, buscaba mejorar las cosas, pero que nunca fue bien explicada. Ni los maestros del SNTE ni los de la CNTE entendieron los cambios. Tanto así que tuvieron que pedirle a la presidenta que la retirara. ¿Qué clase de secretario es incapaz de dialogar con los maestros?

Pero esto no es solo un problema de comunicación. Es un problema grave, porque sin el apoyo de los maestros, ningún programa educativo va a funcionar. Por ejemplo, el programa “La Escuela es Nuestra” se aplicó mal en muchos lugares. Hubo robos, malos manejos y, al final, algunos niños no vieron los beneficios.

Ahora, el gobierno quiere prohibir la venta de comida chatarra en las escuelas. La idea es buena: evitar que los niños coman papitas, refrescos y dulces que los hacen engordar. Pero, ¿esto realmente acabará con la obesidad infantil?

Prohibir las papas fritas en la escuela no va a cambiar nada si los niños siguen comiendo mal en sus casas. Además, ¿qué les van a vender ahora? ¿Molletes? ¿Sándwiches? Porque el pan tampoco es tan saludable. ¿O les van a quitar también el jamón y las salchichas por el sodio?

El verdadero problema no es solo lo que comen en la escuela, sino lo que comen en casa. Y aquí es donde el gobierno falla. En lugar de solo prohibir, debería ofrecer alternativas.

A Morena no le gusta hablar del pasado, pero antes había programas que sí funcionaban. Las escuelas de tiempo completo garantizaban que los niños comieran bien. Desayunaban y almorzaban ahí, con comida caliente y balanceada. Así, aunque en sus casas no tuvieran mucho, al menos en la escuela comían decentemente.

Pero este programa se canceló. Y ahora, en lugar de darles comida sana, solo les quitan las papitas. ¿Eso resuelve el problema? Claro que no.

Además, muchos niños con sobrepeso no están bien nutridos. Comen mucha comida mala, pero les faltan vitaminas y proteínas. Prohibir la comida chatarra en las escuelas es un paso, pero sin opciones reales de alimentación sana, no sirve de nada.

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Hay algo más grave. La obesidad no es solo por la comida, sino porque los niños ya no se mueven. Antes, los niños salían a jugar a la calle, corríamos, trepábamos árboles. Ahora, los padres no dejan salir a sus hijos porque las calles no son seguras.

¿Qué hacen los niños entonces? Se la pasan en casa, viendo televisión, jugando con el celular o en las consolas de videojuegos. No hacen ejercicio. Y si a eso le sumamos comida chatarra, el resultado es obesidad.

El gobierno debería pensar en eso. No basta con quitar las papas de las escuelas. Hay que darles espacios seguros para jugar, hacer deporte y quemar energía.

Lo que realmente hace falta es: comida sana en las escuelas. No solo prohibir lo malo, sino ofrecer alternativas buenas. Recuperar las escuelas de tiempo completo. Que los niños tengan al menos una comida balanceada al día. Espacios seguros para jugar. Que los niños puedan correr y hacer deporte sin miedo. Educar a los padres. Muchos no saben cómo alimentar bien a sus hijos.

Prohibir la comida chatarra en las escuelas es un buen primer paso, pero no es suficiente. Si el gobierno no trabaja con los maestros, si no ofrece opciones reales de alimentación y si no garantiza seguridad para que los niños jueguen, todo será en vano.

Mario Delgado Carrillo debe entender que la educación no se mejora con prohibiciones, sino con soluciones completas. Y para eso, necesita escuchar a los maestros y a los padres. Si no lo hace, seguiremos viendo niños con sobrepeso, mal nutridos y sin opciones para una vida sana, al margen de los conocimientos.

La salud de los niños no es un juego. Y si el secretario no lo entiende, entonces quizá debería dejar el puesto y dejar su lugar a alguien que sí sepa hacer política con los maestros, no que vaya por sus intereses y juntos, autoridad, maestros y padres de familia resolver estos problemas.

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