En Arandas
Durante años, Adriana pensó que podía sostener su relación y construir una familia pese a los episodios de violencia que comenzaron a formar parte de su vida. Primero fueron los gritos y las humillaciones; después llegó el control económico, el aislamiento y las agresiones físicas.
Hasta que el 8 de marzo de 2026, asegura, estuvo a punto de morir.
Adriana tenía entonces una hija de cinco años con Carlos N., con quien había mantenido una relación de aproximadamente cinco años. En 2023 ambos se trasladaron a Arandas, donde él abrió un negocio y ella decidió acompañarlo, dejando atrás su actividad profesional en Guadalajara.
Lo que inicialmente planteó como un proyecto de familia comenzó a transformarse.
“Ahí empezó más la violencia”, relata Adriana.
Los gritos y las humillaciones se volvieron frecuentes, incluso frente a empleados del negocio. También comenzó, según su testimonio, un control cada vez mayor sobre su vida personal y económica.
En una ocasión, cuenta, encontró ropa suya rota porque a su pareja no le gustaba la manera en que se vestía. Con el paso del tiempo, las restricciones se extendieron a sus redes sociales, sus relaciones personales y hasta al contacto con su propia familia.
Adriana señala que durante un periodo prolongado no pudo visitar a sus familiares en Veracruz y que dependía económicamente de su pareja.
La violencia comenzó a escalar
En septiembre de 2025 ocurrió, según su relato, la primera agresión física en la que intentó asfixiarla. En diciembre habría ocurrido una segunda. Para entonces, Adriana comenzó a considerar seriamente terminar la relación.
En marzo de 2026 tomó la decisión de regresar a Guadalajara para comenzar de nuevo. Sin embargo, acordó que su hija permanecería temporalmente en Arandas con su padre mientras terminaba el ciclo escolar, con el pesar de separarse de su hija momentáneamente, hablaba con ella diariamente y el 7 de marzo regresó a Arandas para ver a la niña.
La separación, explica, se había planteado inicialmente de manera gradual. Incluso ambos, junto con su hija, llevaban un proceso psicológico, todo se estaba llevado de una forma relativamente cordial por el bien de la pequeña. Pero aquella noche la situación cambió.
El 8 de marzo
Adriana llegó a la casa con su hija. Había acordado que permanecería ahí para cuidar a la niña, aunque después planeaba regresar a Guadalajara.
Mientras se encontraba en la recámara, se percató de que había una cámara de vigilancia. Debido a que ya había decidido terminar la relación, le pidió a Carlos N. que la moviera para poder dormir tranquila. Él se negó y al intentar mover la cámara hacia otro ángulo, comenzó la discusión.
De acuerdo con su testimonio, Carlos N. tomó el teléfono que la niña tenía en esos momentos y comenzó a revisarlo. Encontró mensajes de un hombre que meses antes la había invitado a comer y aunque ella ni siquiera le contestó y no se vio con él, su ex pareja asumió que Adriana le era infiel. Fue entonces cuando, asegura, comenzó la agresión.
Relata que fue golpeada y sometida mediante asfixia durante varios minutos. En medio del ataque, escuchó amenazas de muerte.
Su hija, de cinco años, se encontraba fuera de la habitación y comenzó a pedir que la dejaran en paz. Adriana perdió el conocimiento durante la agresión.
Al recuperar la conciencia, asegura, fue víctima de una agresión sexual. Posteriormente, el hombre la habría llevado hasta el baño, donde tomó un arma de fuego.
“Me apunta al estómago”, recuerda.
Al bajar el arma, el disparo terminó impactando en su pie. Fue entonces cuando, según su relato, Carlos N. salió de la habitación.
La huida
La niña entró y encontró a su madre herida. Adriana apenas podía caminar. Junto con su hija tomó algunas pertenencias y ambas escaparon de la vivienda por una ventana.
Su intención inicial era dirigirse a Guadalajara, pero su madre le pidió que buscara ayuda por lo que regresó hacia la zona de Carnitas Jaime y pidió auxilio a elementos policiacos.
“Yo no podía hablar. La niña fue la que les dijo, pues más o menos cómo estuvo la situación”, recuerda.
Una ambulancia acudió por ella y esa misma noche, Adriana fue trasladada para recibir atención médica. Permaneció hospitalizada alrededor de una semana y posteriormente fue canalizada al Hospital Civil, donde fue sometida a otra cirugía.
La lesión en el pie fue grave. La bala no tuvo salida y, de acuerdo con su testimonio, requirió reconstrucción. Desde entonces ha enfrentado varias intervenciones quirúrgicas. Actualmente, asegura, necesita una cuarta cirugía y continúa utilizando material quirúrgico en el pie.
La denuncia
Por su estado de salud, Adriana no pudo rendir una declaración completa la noche de la agresión. La denuncia formal fue tomada posteriormente.
El caso quedó integrado en Tepatitlán bajo la carpeta administrativa 41/2026 y la carpeta de investigación 585/2026, por los delitos de feminicidio en grado de tentativa, violación equiparada y violencia familiar.
Adriana asegura que posteriormente se obtuvo una orden de aprehensión contra Carlos N., pero que esta fue impugnada mediante un amparo y dejó de tener efecto. También señala que el presunto agresor salió de Jalisco y posteriormente tuvo conocimiento de que se encontraba en Estados Unidos.
Esta situación es uno de los principales motivos de su reclamo.
Para Adriana, los meses posteriores al ataque se han convertido en una nueva lucha: recuperarse físicamente, proteger a su hija y conseguir que el caso avance.
“No se puede quedar esto así”
A siete meses de la agresión, Adriana continúa incapacitada.
Ha pasado por tres cirugías y espera una cuarta. Su recuperación física todavía no termina y los gastos médicos representan una carga que, afirma, actualmente sostiene con ayuda de su familia.
Pero su principal preocupación es otra. “Yo la verdad no confío para nada en las autoridades de Tepatitlán”, sostiene.
Adriana considera que el proceso no ha avanzado como esperaba y cuestiona que el hombre señalado por ella continúe libre.
Mientras tanto, su hija permanece bajo resguardo y ella continúa con su recuperación.
Adriana dice que no quiere que su historia termine únicamente en el expediente de una carpeta de investigación.
Después de sobrevivir a una agresión que, según su denuncia, pudo haber terminado con su vida, ahora busca que el caso llegue hasta sus últimas consecuencias y que se garantice justicia para ella y para su hija.
“Esto no se puede quedar así”, afirma.