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Opinión

Quien no vivió el autoritarismo real neoliberal… sí vive su dictadura

¿Dictadura en México? 

Por Oscar Miguel Rivera Hernández

Hace unos días, leí un artículo de Enrique Toussaint titulado “Hipocresía, dictadura y demagogia”, publicado en Milenio. Después de leerlo, no pude evitar sentirme decepcionado. No porque critique al gobierno, la crítica es necesaria en una democracia, sino porque usa palabras fuertes como “dictadura” sin que realmente correspondan con la realidad de México y de eso quiero hablarles el día de hoy.

Todos hemos escuchado muchas veces que “México se está convirtiendo en una dictadura”, sobre todo en los últimos años. Pero decir algo así, sin que sea verdad, no ayuda a nadie. Al contrario, confunde a la gente y hace que debates importantes se pierdan en exageraciones.

¿Qué es una dictadura? Para empezar, una dictadura es un sistema donde el poder lo tiene una sola persona o un grupo muy pequeño, sin contrapesos. En una dictadura no hay elecciones libres, o si las hay, son un fraude, no hay división de poderes, ya que el presidente controla todo, sin jueces ni congresos que lo frenen, se persigue a los opositores con violencia, cárcel o censura, los medios de comunicación son controlados por el gobierno y por si fuera poco, las leyes no importan, porque el líder hace lo que quiere.

Si comparamos esto con México, ¿realmente vivimos en una dictadura? Toussaint dice que el gobierno de AMLO tiene rasgos autoritarios. Es cierto que ha habido polémicas: ha criticado mucho a sus opositores, ha concentrado mucho poder en la presidencia y ha tenido choques con la prensa. Pero eso no hace a México una dictadura. Veamos por qué:

En una dictadura, el poder no cambia. Pero en México, seguimos teniendo elecciones donde la gente decide. En 2018, AMLO ganó por mayoría. En 2021, su partido perdió fuerza en el Congreso. Y en 2024, habrá nuevas elecciones. Si fuera una dictadura, ¿por qué habría votaciones?

Sí, el presidente ha influido en algunas instituciones, pero los otros poderes existen. El Congreso no siempre le obedece (de hecho, le han rechazado reformas). Los jueces a veces le dan la razón al gobierno y a veces no. Si fuera una dictadura, ¿por qué la Corte ha frenado algunas de sus decisiones?

En una dictadura, los que critican al gobierno desaparecen o van a prisión. En México, los opositores siguen hablando, protestando y escribiendo en los medios. Incluso el artículo de Toussaint, que critica al gobierno, se publicó en Milenio, un periódico que no apoya a AMLO. ¿Eso pasa en Cuba o Venezuela?

AMLO ha tenido muchos conflictos con la prensa, especialmente en sus mañaneras. Pero los periodistas siguen publicando noticias en su contra. Medios como Reforma, El Universal y el mismo Milenio siguen operando. En una dictadura, esos medios estarían cerrados o censurados.

En Corea del Norte, la gente tiene que adorar a su líder. En México, AMLO tiene seguidores muy fieles, pero también muchos críticos. Nadie está obligado a alabarlo, y de hecho, mucha gente lo insulta todos los días en redes sociales sin consecuencias.

Decir que México es una dictadura no solo es falso, sino que puede ser peligroso. Cuando usamos palabras tan fuertes sin razón, perdemos credibilidad. Si mañana realmente hubiera un riesgo autoritario, la gente ya no nos creería, porque antes gritamos “dictadura” sin pruebas.

Además, este tipo de discursos polariza más al país. En lugar de discutir los problemas reales (como la corrupción, la violencia o la pobreza), nos enfrascamos en debates exagerados que no llevan a nada.

México tiene muchos problemas, como desigualdad, violencia, corrupción. Y sí, el gobierno de AMLO ha cometido errores. Pero eso no lo convierte en una dictadura. Seguimos teniendo libertades, elecciones y prensa independiente.

Si queremos hablar de autoritarismo en México, debemos ser justos y reconocer que no es algo nuevo. De hecho, varios gobiernos anteriores —desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto— tomaron decisiones claramente autoritarias, mucho más graves que las críticas actuales hacia el gobierno de AMLO. Veamos algunos ejemplos: Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) privatización masiva de empresas públicas, incluyendo la banca, sin consultar a la ciudadanía, elecciones opacas: el famoso “se cayó el sistema” en 1988, que muchos consideran un fraude electoral contra Cuauhtémoc Cárdenas.

Con Ernesto Zedillo (1994-2000) en diciembre de 1994, apenas cuatro días después de asumir la presidencia, Zedillo obligó a la Suprema Corte de Justicia (SCJN) a cerrar por un mes, después, despidió a todos los ministros y colocó a nuevos jueces afines a su gobierno, debilitando la independencia judicial.

Otro, sería Felipe Calderón (2006-2012), lanzó la “guerra contra el narcotráfico” sin aprobación ciudadana, lo que desató una ola de violencia que dejó miles de muertos, persecución contra periodistas y medios que criticaban su estrategia de seguridad.

Enrique Peña Nieto (2012-2018) impulsó las “reformas estructurales” (energética, educativa, laboral) sin consultar a la población, negociándolas solo con los partidos y las élites empresariales, represión violenta contra protestas sociales, como el caso de Ayotzinapa y Nochixtlán, donde hubo muertos por acción policial, ataques sistemáticos a periodistas: México se convirtió en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.

Muchos que hoy acusan a los gobiernos de la 4T de “autoritario” olvidan que, en gobiernos anteriores, sí hubo acciones claramente antidemocráticas.

Esto no significa que el gobierno actual sea perfecto, pero si vamos a hablar de autoritarismo, debemos comparar con lo que realmente ha pasado en México. Hoy, por lo menos, hay elecciones libres, la prensa crítica sigue funcionando y no hay una represión violenta contra opositores como en otros tiempos.
La democracia mexicana sigue teniendo problemas, pero decir que ahora vivimos en una dictadura es ignorar la historia reciente. Si queremos mejorar, debemos exigir transparencia y justicia a todos los gobiernos, no solo al que no nos gusta. El autoritarismo de antes no justifica los errores de hoy, pero tampoco debemos exagerar. La verdadera defensa de la democracia empieza por reconocer los hechos, no las fantasías políticas.

Enrique Toussaint tiene derecho a criticar, pero comparar a México con una dictadura es injusto y alejado de la realidad. En lugar de usar palabras explosivas, deberíamos enfocarnos en cómo fortalecer nuestra democracia, proteger las instituciones y exigir cuentas claras a todos los gobiernos, sin importar de qué partido sean.

La democracia no se defiende con exageraciones, sino con hechos, diálogo y participación. México no es una dictadura, pero para que nunca lo sea, todos debemos estar atentos, informarnos y votar con responsabilidad.

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