Por Gustavo González Godina
Bueno y si a los motociclistas les gusta suicidarse ¿por qué se los tiene que impedir la autoridad?, si en lugar del casco reglamentario prefieren utilizar una bacinica en la cabeza que sale volando en cada accidente, ¿por qué no los dejan en paz y que se rompan la cabeza?, muy su gusto… Si rebasan por la derecha, no respetan los semáforos y circulan en sentido contrario, ¿por qué los molestan con operativos ficticios que a final de cuentas no sirven para nada?
Este jueves, hace dos días, iba yo por el Camino a Santa Bárbara rumbo al bulevar Anacleto González Flores, para doblar a la derecha por éste rumbo a la clínica del IMSS, cuando faltando dos cuadras para llegar a ese crucero había un embotellamiento tremendo: Habían atropellado a un motociclista justo en esa esquina y no había paso. Vi una patrulla atravesada en la esquina y me di la vuelta en U para agarrar por la Fray Antonio de Segovia y sacarle la vuelta al punto crítico del accidente.
Valió máuser… porque en la esquina del Bulevar y Fray Antonio estaban desviando el tráfico procedente de todos lados, para que nadie llegara a donde el “atropellado”. Y lo entrecomillo porque luego me enteré de que no lo atropellaron, no precisamente: una camioneta repartidora de agua en garrafones (de las que andan a vuelta de rueda) se disponía a atravesar el bulevar, cuando llegó por éste el motociclista que no respetó el alto que ya le marcaba el semáforo, y el chofer de la camioneta no lo pudo evitar, la bacinica que traía como casco el motociclista salió volando, el joven cayó de cabeza contra el pavimento y se acabó la plática.
Y ahí estamos mi esposa y yo esperando a que avanzara la fila para continuar. Adelante de nosotros había como unos 10 vehículos a la vista, y en lo que se movían los autos pasaron como 15 motocicletas, unas por la derecha, otras por la izquierda, otras más en sentido contrario por la banqueta de enfrente, unos con casco, otros con su bacinica en la cabeza, otros sin nada, pero todos nos rebasaron, porque para ellos no hay cerro que se les empine ni cuaco que se les atore. Eran como 15 motocicletas, repito, pero viajaban en ellas como 25 personas, porque en algunas iban dos y en otros tres viajeros (he visto hasta siete en una moto, tres adultos y cuatro chamacos. Peligrosísimo, pero así se usa en esta noble y leal ciudad).
Llegamos por fin al crucero de Segovia y el Bulevar, donde había cinco inútiles agentes de vialidad “dirigiendo” el tráfico, una mujer y un joven a pie, un adulto en la patrulla que estaba atravesada en la calle, y dos motociclistas que se sentían Rambo o sicarios del CJNG porque traían fusiles de asalto de los llamados AR-15.
Y digo inútiles porque estaban hechos bolas. Cinco carros antes de llegar nosotros, una camioneta negra dio vuelta a la derecha por el bulevar y se les peló, cuando llegamos, mi esposa (que manejaba) intentó hacer lo mismo porque no había nada que se lo impidiera, pero de inmediato se escuchó la sirena de la patrulla y el muchacho de Vialidad ya nos tragaba. Al de la camioneta negra no, nadie le dijo nada, o porque los agarró descuidados, o porque era de sus amigos de la Maña, ya sabe usted que estos mandan en la ciudad.
Ya nos íbamos a incorporar de nuevo a la fila para seguir derecho y no por el Bulevar, cuando se movió la patrulla, quitaron unos conos, y se fueron los Rambos con sus rifles de asalto, así que le dimos oootra vez a la derecha y pasamos por donde estaban los vehículos involucrados en el accidente, pero ya despejado el camino. De regreso del IMSS vimos cómo subían a una grúa la moto del muerto qepd y la camioneta cargada de garrafones con agua que le decomisaron al pobre hombre repartidor, al que seguramente se llevaron detenido para deslindar responsabilidades.
¡Pobre hombre!, quién sabe cuántos días va a estar en el bote; para que rescate su camioneta va a estar en chino –usted sabe cómo es esto de la justicia rápida y expedita-, va a perder tiempo y dinero, se va a endeudar, su familia va a pasar las de Caín… y todo porque a un motociclista le dio por pasarse el semáforo en rojo porque se sentía de hule y creyó que rebotaría y no le pasaría nada, o porque le valía madre su vida. Pobre de su familia también, debe ser terrible que lleguen y te avisen que tu hijo o tu hermano murió.
Y pobre del Departamento de Vialidad también, que ese mismo día anunció un gran operativo para meter en cintura a los motociclistas, como lo ha hecho tantas otras veces sin lograr nada. Los ven, cuatro o cinco personas en una moto, sin casco, rebasando por la derecha, y no les dicen nada. Los vi, me consta, vi pasar a varios en sentido contrario, por la banqueta, sin que ninguno de los cinco inútiles que “controlaban” el tráfico hiciera nada al respecto. En la mera esquina del accidente debe haber habido por lo menos otros cinco, entre peritos y agentes, pero ninguno hacía nada tampoco, a los motociclistas que violan todo el reglamento ni los ven ni los oyen. Así se usa en Tepa, ni modo, que sigan pasando a mejor vida…