Opinión

Marchas pacíficas no sirven

Por Gustavo González Godina

Fui el sábado a la marcha del 15 de noviembre en Guadalajara con un único fin: ver qué tanto había prendido la convocatoria hecha por nadie y por todos en las redes sociales; cuánta gente -si mucha o poca- y qué tan inconforme participaba en la protesta contra el gobierno de Claudia Sheinbaum, de Morena y de la 4-T.

Mi curiosidad fue satisfecha: fue mucha gente y muy enojada. Pero llegué también a otra conclusión: las marchas pacíficas no sirven para nada. Así como no han servido para nada en Venezuela, donde a pesar de los millones de personas que han salido a protestar el tirano Maduro sigue en el poder, así en México podrán salir millones de mexicanos a gritar consignas contra Morena, pero si lo hacen en forma pacífica nada lograrán.

Sí era mucha la gente que se reunió en la glorieta de los Niños Héroes, gente de todas las generaciones, de la X, de la Y y de la Z, jóvenes y viejos como yo, mujeres y niños, ricos y pobres como yo, había de todo, y sí, parecían muy enojados contra el actual gobierno de México, gobierno al que le valen madre las manifestaciones pacíficas. En la Ciudad de México sí se prepararon para no dejarlos acercarse al Palacio Nacional, para que ni siquiera pudieran llegar todos al Zócalo, les cerraron todas las entradas menos una, donde asustaron a muchos con un brote de violencia.

En Guadalajara la gente empezó a marchar desde la glorieta de los Niños Héroes (llamada ahora de los Desaparecidos rumbo a la avenida Vallarta, a donde llegó la punta de la manifestación mientras de la Glorieta seguían saliendo, son unas 15 cuadras por la zona rosa de la ciudad, para doblar por Vallarta hacia el poniente rumbo a la Glorieta Minerva y de ahí hacía la Casa Jalisco.

En Vallarta y Chapultepec se atoró el tráfico vehicular y desde un autobús urbano una mujer se asomó por la ventana y empezó a los marchistas ¡Viva Claudia! ¡Viva Claudia!, lo que provocó que se le acercara uno de los manifestantes para a su vez gritarle lo más cerca de ella posible: ¡Chinga tu madre! ¡Chinga tu madre! y de ahí no pasó.

Había mantas, lonas y pancartas que decían de todo, desde ¡Con el pueblo muy chingón, con el narco maricón!, y ¡Carlos (Manzo) no murió, Morena lo mató!, consigna ésta que repetía una y otra vez Carlos Guerrero con su megáfono, hasta la portada del 7 días que decía ¡México se levanta!

Pues sí, se levanta y se vuelve a sentar, brinca y vuelve a caer donde mismo, porque las marchas pacíficas no sirven para nada, los marchistas se quieren ver muy civilizados y no causarle molestias a nadie, pues no, ni a Claudia Sheinbaum y su gobierno, no incomodan a Adán Augusto, a Ricardo Monreal, a Changoleón, mucho menos a Andrés Manuel López  Obrador que sigue escondido en su rancho La Chingada de Chiapas.

Y si las marchas pacíficas no funcionan, ¿qué sí funciona para derribar al gobierno?, se preguntará usted qué sugiero en lugar de estas marchas inocuas… No sugiero nada, sólo me permito recordarle al lector cómo llegó al poder Andrés Manuel López Obrador, incendiando pozos petroleros en Tabasco y bloqueando por seis meses la avenida Reforma en la ciudad de México, sin importarle el perjuicio que les causaba a todos, a quienes tenían ahí sus negocios que nada vendían, y a quienes tenían que atravesar Reforma en sus vehículos para dirigirse a trabajar. A todo el mundo perjudicó AMLO (a todo México incendiando pozos petroleros), pero no le importó cuando comprendió que con marchas pacíficas no iba a llegar a ningún lado, y que perjudicando a los demás podría llegar a vivir en el Palacio Nacional.

Así ahora, con marchas pacíficas no se va a lograr nada. Si yo tuviera 50 años menos y el vigor y agilidad que tenía siendo joven, me apuntaría para prenderle fuego al Palacio Nacional, o para plantarme con otros cientos o miles de personas en alguna de las entradas a la Ciudad de México y solo muerto me quitarían de ahí con su Guardia Nacional, su Ejército o su Marina. Pero ya no puedo… esta “revolución” me llego demasiado tarde, solo me queda ser testigo de la implantación de un régimen comunista en México.

Los transportistas y agricultores también podrían presionar más bloqueando todas las entradas a la Ciudad de México durante días, a ver qué tragaban los diputados. Pero les da frío… En Chile lo hicieron contra Salvador Allende y provocaron un golpe de estado. Pero aquí cuál golpe de estado si Morena controla el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, el INE, los tribunales electorales, el Ejército, la Marina, la Guardia Nacional, todo. Mucho me temo que a este país ya se lo llevó la chingada.

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