Opinión

Informes, monólogos sin aplausos verdaderos

Por Oscar Miguel Rivera Hernández

Cada sábado, desde hace más de veinticinco años, un grupo amigos y yo nos sentamos en un café, el cual, en estos años, ha cambiado de sede. Este grupo lo han titulado “La Mesa del Café”. En ella, hablamos de la vida, de la familia, del trabajo y, como buenos mexicanos, casi siempre terminamos hablando de la política y del país. El sábado pasado, uno de los temas giró en torno al primer informe de gobierno. Y, casi sin querer, empezamos a recordar lo que era el “Día del Presidente”.

Ese primero de septiembre era algo especial. Desde muy pequeño lo recuerdo. Era un día de fiesta cívica, o al menos así lo sentíamos. La televisión se llenaba de la transmisión desde San Lázaro. El presidente llegaba con su escolta, saludaba, subía a la tribuna y, frente a los diputados, senadores e invitados especiales, leía su informe. Era un acto solemne. Uno podía estar o no de acuerdo con el gobernante en turno, pero ese día sentías que estabas viendo la democracia en acción. Veías al Poder Ejecutivo rindiendo cuentas ante el Poder Legislativo. Era un ritual que le daba peso y brillo a la presidencia. Era un momento en el que, por unas horas, el país entero ponía los ojos en el Congreso para escuchar un balance.

Pero ese brillo, como comentamos entre el aroma del café, ya no es lo mismo. Y no fue de la noche a la mañana. La historia nos ayuda a entender. El primer presidente en rendir un informe fue Guadalupe Victoria. En esos tiempos, se hacía de palabra, oralmente. Con la Constitución de 1917, esto se volvió una obligación. El presidente tenía que ir al Congreso. Así fue por décadas.

En 2006 algo sucedió, el presidente Vicente Fox, del PAN, no pudo dar su último informe, ya que un grupo de diputados del PRD tomó la tribuna y no lo dejó hablar. Fox molesto entregó su informe por escrito y se fue. Al año siguiente, le tocó al nuevo presidente, Felipe Calderón, también del PAN, quien sufrió la misma suerte. Protestas, gritos, y otra vez, el presidente se retiró sin poder hablar.

Hoy, ya no hay informe en el Congreso, no hay rendición de cuentas directa, no hay preguntas incómodas de los legisladores, no hay debate, no hay respuesta al informe.

Ahora, el presidente o presidenta decide dónde hacerlo. En Palacio Nacional, en un auditorio, en un lugar cerrado y controlado. Los invitados son personas afines, simpatizantes, funcionarios. No hay diversidad de opiniones. Los aplausos están garantizados. El informe pasó de ser un examen público a ser un monólogo en la sombra, un discurso para la cámara y para los que ya están convencidos. La fiesta de la democracia se convirtió en una reunión privada.

Con ese mismo esquema, vimos el primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum. Fue, como era de esperarse, en un entorno controlado. Ella, empezó reconociendo la gestión de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Mencionó ese logro, donde 13 millones de personas salieron de la pobreza en el sexenio pasado. También habló de menos desigualdad, usando un número llamado “coeficiente de Gini”. Sin duda, son noticias tan buenas, que cómo no apropiarse de ellas en su discurso.

Luego, la presidenta pasó a pintar un cuadro de la economía actual, presentó un país que marcha, que avanza. Dijo que el Producto Interno Bruto (que es como medir el tamaño de la economía) crece más de lo que se esperaba. Que la inflación (el aumento de los precios) está controlada, tema que puede ser cuestionable. Otro tema que abordó, es sobre el peso, donde la presidenta dijo que está estable y que hay pocos desempleados, cosa que se ve y se siente.

Según esta radiografía presentada por Sheinbaum, México es un país resistente, que atrae inversión del extranjero y que sabe aprovechar las oportunidades. Suena bien, ¿verdad? Suena a que las cosas van por buen camino.

Pero, como en todo, los detalles importan. Y es aquí donde podemos tensar la plática, porque entre las cifras bonitas, hay otras que no se mencionaron y otras que, si las vemos con lupa, no son tan brillantes.

Ese crecimiento del PIB del 1.2% que ella mencionó parece ser un error, o al menos una confusión. Ese número es del trimestre pasado, pero si vemos la expectativa de crecimiento para todo el año, es de apenas un 0.6%, según el Banco de México. Es un crecimiento, sí, pero es muy, muy bajo y no como ella lo menciona en su informe, y ese pequeño avance no se debe tanto a una fuerza interna de nuestra economía, sino a que empresas de Estados Unidos están acumulando, antes de que entren en vigor los nuevos aranceles. Es un empujón temporal, no un motor propio y fuerte.

Y hay algo más de lo que no se habló en el informe, hablo sobre la inversión. La inversión es el dinero que se pone para construir fábricas, abrir empresas y, con el tiempo, crear empleos buenos y estables. Pues bien, desde que empezó la presidenta Sheinbaum hasta mayo de este año, esa inversión total ha caído un 5.5%. Esto es muy preocupante. Sin inversión, no hay nuevas empresas. Sin nuevas empresas, no hay nuevos empleos. Y sin empleos, no hay futuro para los jóvenes ni prosperidad para las familias.

Finalmente, llegamos al tema de la salud. En su informe, la presidenta no dio detalles claros sobre el desabasto de medicamentos. Es un problema que arrastramos desde hace años y que no se ha solucionado. Gente con cáncer, con enfermedades crónicas, sigue teniendo que salir a buscar sus medicinas porque en los hospitales no hay. Un gobierno que no puede garantizar la salud a su pueblo, le está fallando en lo más básico.

Con todo esto, llego a una conclusión, el primer informe de la presidenta Sheinbaum fue un discurso bien armado, con cifras que buscan dar tranquilidad. Mostró los logros del pasado (que son innegables) y pintó un presente estable. Pero omitió los grandes problemas del hoy y los riesgos del mañana.

Si este gobierno realmente quiere un crecimiento sostenido, necesita atacar los temas que nos está debiendo. Necesita dar certeza a los inversionistas para que ese 5.5% de caída se convierta en un crecimiento. Y, sobre todo, necesita garantizar la salud de los mexicanos.

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