Por Oscar Miguel Rivera Hernández
Cuando escucho a Ricardo Salinas Pliego, me imagino una escena donde un niño es sorprendido en la escuela robando el lunch de sus compañeros y en lugar de aceptar su error, señala al maestro y grita “¡Me está molestando, me tiene mala fe, me persigue! Su estrategia no es solo evitar el castigo, sino también manchar la reputación del maestro para que, la próxima vez, nadie le crea. Así está Salinas Pliego, solo que él, es un empresario que por muchos años fue protegido y solapado por el gobierno en turno.
Durante años, hemos visto una y otra vez la misma película, personas con mucho poder —políticos, empresarios, funcionarios— son acusadas o investigadas por actos claramente ilegales, como robo, evasión de impuestos, desvío de dinero público o incluso vínculos con el narcotráfico, que su reacción casi nunca es defenderse con pruebas de su inocencia, no, su primer movimiento es gritar “¡Soy víctima de una persecución política!”.
Esta estrategia tiene dos objetivos muy claros, y ambos son dañinos para todos los mexicanos; el primero es muy simple, salvar el pellejo, si logran convencer a la gente de que son perseguidos por sus ideas y no por sus delitos, quizás puedan evadir la justicia; el segundo objetivo es desgastar al gobierno en turno, pintándolo como un régimen autoritario y represor, que silencia a sus críticos, para debilitarlo y ganar simpatías.
Es un truco viejo, pero efectivo, mientras algunos robaban, invadían terrenos, no pagaban impuestos o se asociaban con el crimen organizado, tenían el cuidado de siempre hablar mal del gobierno. Así, cuando la justicia llegaba a su puerta, ya tenían preparado su disfraz de “perseguido político”. Era como llevar un paraguas antes de que lloviera, pero un paraguas hecho de mentiras.
Uno de los casos más sonados que explican este juego, es el del ex presidente Felipe Calderón. Se dice que él guardó silencio. ¿Por qué lo hizo? Porque sabía que, si hablaba constantemente en contra del gobierno, podría usarlo en el futuro como escudo. Si alguna de sus acciones fuera investigada, él ya habría sembrado la duda; “No me investigan por lo que hice, me investigan por lo que digo”. Es una estrategia para inmunizarse contra la ley.
Pero aquí viene la pregunta, ¿realmente existe una persecución política en México desde 2018? Los hechos dicen que no. Aunque comentaristas en la televisión y algunos empresarios lo afirmen, cuando se les pide que expliquen en qué consiste esa persecución, su argumento se cae, ya que no pueden mostrar pruebas de que alguien haya sido detenido solo por pensar distinto y menos en este gobierno, donde todos hablamos lo que nos dé en gana. Lo que sí hemos visto, son investigaciones, juicios y exigencia de cuentas claras, que se les piden a quienes, por años, parecían intocables.
Por ejemplo, todos hemos escuchado del empresario Ricardo Salinas Pliego y su empresa, Grupo Elektra, que, durante años, se le acusó, por deber una enorme cantidad de dinero al fisco, quien la mañana del 13 de noviembre, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tomó la decisión y le ordenó pagar una parte de esa deuda, más de 48 mil millones de pesos.
Con esa cantidad de dinero se podrían construir hospitales, escuelas o pavimentar calles, es el dinero de todos, que no entró a las arcas públicas porque decidió no pagarlo.
¿Y cuál fue la reacción del empresario y sus aliados? En lugar de aceptar el fallo de la Corte, gritaron “¡persecución política!”. Incluso, se denunció que se organizó una campaña para que sus empleados inundaran las redes sociales quejándose, para desgastar al sistema judicial mexicano. Esto, en sí mismo, es otro delito.
La senadora de oposición, Lilly Téllez, “gritó” que la Corte era “cómplice” del partido en el gobierno, sin explicar cómo es que una Corte unánime (es decir, donde todos los ministros, de diferentes corrientes, estuvieron de acuerdo) podía ser cómplice, simplemente lanzó la acusación, esperando que la gente la creyera sin cuestionar.
Frente a este circo de acusaciones falsas, la presidenta de la República ha hablado con claridad sobre el Estado de Derecho. ¿Y qué es eso? Es una frase que suena complicada, pero es muy simple, significa que, en México, todos debemos obedecer las mismas reglas, desde el ciudadano más humilde hasta el empresario más rico; desde el simpatizante del gobierno hasta el opositor más crítico.
Ella retomó las palabras de Benito Juárez, uno de nuestros presidentes más admirados; “Todo dentro de la ley, nada fuera de ella, nada contra la ley”. No se trata de perseguir a nadie, se trata de aplicar la ley por igual, ya que el respeto a todas las libertades para opinar, criticar y disentir está totalmente garantizado, lo que no está garantizado es la libertad para cometer delitos y salirse con la suya.
Las excusas de políticos opositores como Alejandro Moreno (PRI) o Ricardo Anaya (PAN), que también han usado la carta de la “persecución”, ya están mostrando un claro agotamiento, ya que la gente común y corriente, la que paga sus impuestos puntualmente y cumple con las reglas, ya no se traga ese cuento, sabemos distinguir entre un preso político y un delincuente común como ellos.
La población es inteligente, sabe que cuando un noticiero propiedad de un empresario que debe 48 mil millones de pesos sale a criticar al gobierno todos los días, hay un conflicto de interés. La gente sabemos elegir, entre creer, desconfiar o, simplemente, cambiar de canal.
Para colmo de sus males, para quienes difunden ese discurso, incluso fuera de México, les acaban de mover el piso, ya que recientemente, Marco Rubio, un secretario de Estado de Estados Unidos, descartó que su país tenga que enviar fuerzas a México para combatir a los cárteles. Esto, supongo, fue una bofetada para aquellos en la oposición que a veces parecen querer una intervención extranjera para desestabilizar a su propio país, solo por ganar poder, lo cual, se convirtió en otra derrota para la narrativa del caos y la mentira.
La condena a Salinas Pliego es más que la cobranza de una deuda, es un aviso para todos los evasores de impuestos que antes eran consentidos por los presidentes, es un aviso para los ex funcionarios que usaban su cargo como un escudo para hacerse ricos con el dinero del pueblo, y, sobre todo, es un aviso para quienes, teniendo una larga lista de delitos a cuestas, creen que con gritar “persecución política” van a evadir la justicia.