El rostro de Eduardo González Bautista de 35 años apareció primero en una ficha de búsqueda. Fue reportado como desaparecido el 22 de agosto en Ocotlán, y semanas después, el 11 de septiembre, su imagen circulaba en redes bajo el encabezado que tantas familias temen ver: “Ayúdanos a encontrarlo”.
Pero hace unos días, su rostro volvió a circular por motivos distintos. En un video de poco más de un minuto, difundido en redes sociales y grupos de mensajería, el mismo Eduardo aparece frente a una cámara, con el semblante tenso y una lectura forzada: se identifica como miembro del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), trabajar en la zona de Los Altos y asegura recibir apoyo de autoridades estatales y municipales.
“Soy del grupo de ‘Las Cuatro Letras’. Mi patrón ahora es ‘El Fresa’ o ‘El 18’”, dice, mientras parece leer lo que tiene frente a sí. La grabación, de 1:18 minutos, muestra a un hombre incómodo, probablemente coaccionado. Declara que su función es vender droga en Villa Hidalgo y menciona a una mujer de nombre Yazmín como su enlace para recibir “el material”.
Eduardo asegura además que policías estatales y municipales tanto de Villa Hidalgo y Teocaltiche les brindan protección, y que cuando los detienen les toman fotos para mandarlas “a alguien” antes de liberarlos.
La Secretaría de Seguridad del Estado (SSE) desmintió los señalamientos y atribuyó el video a una estrategia del crimen organizado para desacreditar los operativos de la Fuerza Interinstitucional Regional (FIR). “Cada vez que realizamos detenciones o aseguramientos, hay una reacción por parte de presuntos integrantes de la delincuencia organizada que buscan descalificar nuestras acciones”, sostuvo la dependencia.
Mientras tanto, los colectivos Guerreros Buscadores de Jalisco y Madres Buscadoras de Jalisco siguen preguntando lo mismo: ¿dónde está Eduardo?
Una historia repetida
Casos como el de González Bautista no son aislados. En los últimos años, Jalisco ha visto cómo personas con ficha de búsqueda —desaparecidas o en riesgo— terminan reapareciendo bajo la sombra del crimen organizado. Algunos son obligados a grabar videos como el de Eduardo; otros simplemente no regresan.
La región de Los Altos se ha convertido en un tablero de guerra entre el Cártel de Jalisco Nueva Generación y células vinculadas al Cártel de Sinaloa. Hasta hace poco, municipios como Ojuelos, Villa Hidalgo y Mexticacán estaban bajo control del CDS, con influencia directa de “Los Chapitos”. Mario González Martínez, alias La Flama o El MG, era uno de sus operadores, con redes que alcanzaban Aguascalientes, Guanajuato y Zacatecas.
Las disputas han dejado un rastro de desaparecidos, desplazados y comunidades enteras sometidas por el miedo. En febrero, las Comisarías de Villa Hidalgo y Teocaltiche fueron intervenidas por fuerzas estatales y federales. Desde entonces se han reportado decomisos de armas, vehículos y fincas ligadas a grupos criminales. El 15 de octubre, por ejemplo, la Guardia Nacional aseguró una camioneta, dos fusiles, 259 cartuchos y chalecos balísticos en Villa Hidalgo.
Aun así, el control territorial sigue cambiando de manos, y entre esas transiciones quedan atrapadas personas como Eduardo: jóvenes, trabajadores o simples habitantes que desaparecen y reaparecen en videos, convertidos en portavoces involuntarios de los mismos grupos que los someten.