Tepatitlán

Tiene Tepa un nuevo sacerdote

De Capilla de Milpillas

+ Lupercio, ordenado por el obispo Navarro
+ Todo su pueblo en la solemne celebración

Estaba de bote en bote -como dice la canción de Los Luchadores, de la Sonora Santanera-, pero no la arena sino la parroquia de Cristo Rey, y no de aficionados a la lucha libre, sino de un emocionado pueblo de Capilla de Milpillas, que quería ser testigo de la ordenación sacerdotal de uno de los suyos, de Eduardo Lupercio Preciado, el nuevo sacerdote que suma a su cuenta Tepatitlán.

Tiene Capilla de Milpillas dos templos parroquiales, uno viejo y uno nuevo, uno chiquito y otro grandote, así que en principio no sabíamos ni a dónde llegar, aunque están muy cerca uno del otro, pero las campanadas a misa son las mismas (del viejo) para ambos, así que rodeamos buscando llegar al que tiene forma de templo tradicional, por una serie de vericuetos (oficinas, cocinas, corredores que parecían túneles) hasta que dimos con un hermoso y espacioso atrio que rodea al bonito templo de los de antes.

Pues ahí no era. Le preguntamos a un anciano sordo y con trabajos logramos que nos dijera que la ceremonia sería seguramente en el templo nuevo. Salimos del atrio por una puerta lateral (una de tantas) y nos encontramos de manos a boca con un grupo grande (para no decir “un montón”) de sacerdotes y algunos seminaristas, que encabezados por el señor obispo Javier Navarro, de la diócesis de Zamora (sí aquel que estuvo en San Juan de los Lagos hace muchos años), se formaban en una fila de dos en fondo para marchar hacia la parroquia nueva.

Había sacerdotes de todos colores, asiáticos, filipinos, mexicanos, uno negro… menos el padre Miguel Ángel Pérez Magaña que era el que nos había invitado. Qué raro… Nos adelantamos a la procesión y al entrar a la parroquia nueva ¡ahí estaba!, confesando… No sabíamos que estaba confesando, creímos que platicaba con una monja y nos acercamos a saludar: ¡Pater noster cómo le va! –sonrió la Hermana, nos apenamos, le dimos su abrazo al Padre, que se levantó, y nos retiramos.

Y llegó la procesión. Eran como unos 30 sacerdotes y el Señor Obispo, además de los seminaristas y acólitos. Y dio principio la celebración. Fue un ritual muy solemne la ordenación del padre Lupercio Preciado, a quien no solo Monseñor Navarro le impuso las manos sobre la cabeza, sino todos los sacerdotes asistentes, empezando por los dos concelebrantes.

Para quien no haya visto una ordenación sacerdotal, el aún diácono (grado previo al presbiterado) se acuesta boca abajo (se postra) frente al altar, al pie del cual está sentado el señor obispo, quien le hace una serie de preguntas, y tras contestar a todo que sí se levanta, le ungen las manos con el óleo sacerdotal y le imponen todos las manos sobre la cabeza.

Al terminar la misa, posterior al ritual, el padre Eduardo Lupercio, de quien al leer su curriculum se dijo que estudió la preparatoria en el Instituto Renacimiento, de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús en Tepatitlán, pronunció unas palabras de agradecimiento, en castellano para los asistentes, sus paisanos, y en filipino y en otros idiomas que obviamente no entendimos.

Tras de la ordenación sacerdotal, nos trasladamos todos a un salón social muy grande al que los pobladores llaman casino, donde se ofreció una comida a base de birria y al compás de las notas del mariachi de Acatic. Antes de retirarnos le preguntamos al nuevo Presbítero cuándo y cómo le surgió la idea de ser sacerdote, y nos dijo que desde chiquillo -cuando le ayudaba a sus padres a ordeñar las vacas en el rancho Loma de Palos Altos perteneciente a Capilla de Milpillas-, jugaba a ser sacerdote, y que una vez yendo en su bicicleta por la calle Matamoros se encontró con el Sagrado Corazón (en el frontispicio del Seminario) y que eso fue lo que acabó de decidirlo.

Estuvo tres años fuera del Seminario, sin estudiar, debido a problemas económicos y regresó cuando fue posible. Estudió en San Juan de los Lagos, en Zapopan, en Zacatecas, y ya como diácono estuvo 5 años en Filipinas. Dijo al ser entrevistado que sí aguantará los tres votos, de obediencia, pobreza y el de castidad, por muy difícil que sea de cumplir éste, pues está muy bien preparado y la disciplina que les exige la orden a la que pertenece, la de los Misioneros de San Juan Bautista Scalabrini, es muy estricta. Felicidades a Capilla de Milpillas por su nuevo sacerdote.

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