+ Que ahora sí habrá medicinas juar juar juar
El Gobierno federal estrenó esta semana las Farmacias del Bienestar, pequeños módulos -del tamaño de un stand, literalmente- donde los pacientes inscritos en el programa Salud Casa por Casa podrán recoger, gratuitamente, los medicamentos prescritos durante las visitas domiciliarias.
Es decir: el programa cuya idea central era evitar que los enfermos salieran de su casa, ahora los enviará a formarse para surtir sus recetas.
El anuncio fue realizado el 2 de diciembre por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien informó que los módulos comenzarán a operar en 500 unidades del IMSS, IMSS-Bienestar y Tiendas del Bienestar del Estado de México con la meta de cubrir todo el país en marzo de 2026. Según explicó, la intención es “facilitar el acceso a tratamientos sin filas ni trámites adicionales”. La realidad operativa —según reconocen los propios lineamientos— es que habrá que salir de casa para obtener el medicamento.
La secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, detalló que el foco estará en enfermedades crónicas y que ya se han levantado 8.8 millones de expedientes digitales, cuyas recetas se podrán canjear en estos nuevos módulos.
Viejo conocido regresa pero más chiquito
El anuncio de las Farmacias del Bienestar llega acompañado de un inevitable déjà vu: el recuerdo de la Megafarmacia del Bienestar, el proyecto estrella del sexenio anterior que prometía resolver el desabasto nacional de medicamentos con un mega–almacén en Huehuetoca. Prometía almacenar 286 millones de piezas para atender a 70 millones de personas.
Hoy, esa mega bodega es descrita como un “elefante blanco”: un espacio enorme, vacío, sin distribución y con vigilancia mínima. La línea telefónica habilitada para solicitar medicamentos ya no funciona —solo repite el mensaje automatizado de que el número no existe— y en el portal de transparencia, el apartado donde debía haber información del proyecto simplemente aparece en blanco: “la información ya no existe”.
El almacén, que costó 15 mil millones de pesos, apenas alcanzó a surtir unas 15 mil recetas en toda su existencia. Un promedio de seis recetas al día, muy lejos de la maquinaria monumental que se había prometido.
Hoy, la Secretaría de Hacienda ya no lo considera un proyecto estratégico. Es solo otro almacén. Uno muy caro.
Quién iba a imaginar que aquel proyecto millonario, pensado para almacenar cientos de millones de medicamentos, terminaría convirtiéndose en una serie de carritos de anaquel rebautizados como Farmacias del Bienestar.





























































