Opinión

El brujo astuto

Una señora muy pobre telefoneó a un programa cristiano de radio pidiendo ayuda. Un brujo que oía el programa consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran alimentos y los llevaran a la mujer con la siguiente instrucción: 

“Cuando ella pregunte quién mandó estos alimentos, respondan: ¡Fue el diablo!”

Cuando llegaron a la casa la mujer los recibió con alegría y fue inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios del brujo. Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le dijeron:

-Señora, ¿No quiere saber quién le envió estas cosas?

La mujer, en la simplicidad de la fe, respondió:

-No, mi hijo, no es preciso. Cuando Dios manda, ¡hasta el diablo obedece!

Es evidente que una curación fácil y un encuentro casi accidental con una especie de curandero itinerante no son el lugar para realmente reconocer que es Dios el que reina.

Esto explica que Jesús no quiere que sus milagros sean anécdotas, sino mensajes que anuncian la llegada del Reino.

En el fondo, la demora en conceder esa sanción y el modo de hablarle a esta mujer son una especie de catequesis que quiere mostrar por qué caminos le llega la salvación.

Al decirle que está recibiendo migajas de la mesa del pueblo elegido le está mostrando que sólo hay un Dios, que ese Dios se ha revelado al pueblo de la alianza, y que de Él y sólo de Él viene todo bien.

Siempre el poder de Dios triunfará sobre el poder del demonio.

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