Opinión

Terrible tempestad

Hace años un hombre que viajaba por el Estado de Minnesota se encontró perdido en medio de una terrible tempestad. La nieve caía sin cesar y el hombre ya no tenía esperanza de salvarse, cuando vio a lo lejos una lucecita en una cabaña de troncos. Haciendo un esfuerzo pudo llegar hasta la casita y salvó su vida. Era un hombre de dinero. Compró la cabaña y edificó en el mismo sitio una hermosa casa.

En lo alto de una torre colocó una luz giratoria, y cada vez que hay tormenta prende la luz a fin de que pueda salvar a algún viajero que se encuentre en dificultades. Esto es gratitud.

Así quiere Dios que procedamos. Si nos ha rescatado debemos siempre estar buscando salvar a los demás, poner en práctica la palabra del Señor.

Si todo mundo pusiéramos en práctica este consejo de interesarnos por la salvación de los demás, habría mucha paz y armonía, porque se cumple así su mandato de Cristo que nos dice: Hagan a otros lo que quieran que les hagan. 

Si queremos que nos ayuden, hay que ayudar.

Si queremos que nos hagan el bien, hay que hacer el bien a los demás. 

Si queremos que nos amen, hay que amar siempre.

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Categorías:Opinión

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