Opinión

Comisarios desechables

En Tepatitlán dos veces (no la misma persona, por supuesto) mataron al director de la Policía Municipal. La primera vez pusieron en su lugar al segundo que estaba al mando y la segunda también. Y si hubiera un tercer asesinato o más -Dios no lo quiera- seguirán sustituyendo al comisario asesinado con el que le siga en el mando, o con el primero que se encuentren o esté dispuesto a asumir el cargo.

Lo mismo ocurrió en Lagos de Moreno, donde también van dos comisarios asesinados en estos últimos años y ambos fueron reemplazados así sin más. En San Juan de los Lagos también el mandamás de la policía fue ultimado, así como en Mexticacán, Tonalá, etcétera, mientras que en otros tantos municipios han sufrido atentados y salieron vivos para poder contarla.

El lugar común de quienes nos enteramos de estos asesinatos de policías, y de cualquier persona en general hoy en día es que “seguramente andaba en algo malo”. Las investigaciones -si las hay- no se dan a conocer públicamente, y vaya usted saber por qué mataron al jefe policiaco de su municipio.

Pésimos mensajes de las autoridades cuando se mata a un comisario de seguridad pública, pues el crimen es casi seguro que quedará impune, nadie, o sólo unos pocos sabrán los motivos del homicidio y cualquier oficial es reemplazado sin mayor trámite.

El mensaje al policía que aspira a mandar en su corporación es: “si te matan no será nuestro problema, y si bien le va a tu familia le daremos una ayudadita para tu entierro y para que sobrevivan sin ti unas cuantas semanas, y ten la seguridad que más van a tardar en asesinarte que nosotros en encontrar un incauto que tome tu lugar”.

El mensaje al ciudadano: “no podemos garantizar la seguridad de quienes están a cargo de tu seguridad, menos vamos a poder garantizar la tuya, y si no nos importa quién ni por qué mata a nuestro comisario, menos nos va a importar quién y por qué llegue a atentar contra ti”.

Por la forma como asesinan a mandos policiacos en estos días y la facilidad con la que los sustituyen, parece que la seguridad pública es una asignatura aún pendiente y que está muy lejos de ser superada, pese a que llevamos más de doce años escuchando a los gobiernos acerca de mejorar las corporaciones policiacas y por ende garantizar la seguridad y tranquilidad de la población.

Si se supone que los oficiales que hay en servicio en todo el país son los mejor calificados, han pasado rigurosas pruebas y por lo tanto son difíciles de corromper, o de que pacten con criminales, ¿por qué son asesinados?

Si se supone que se han invertido millones de pesos en patrullas totalmente equipadas, sistemas tecnológicos avanzados, capacitación exhaustiva, labores de inteligencia y vigilancia, ¿cómo es posible que un criminal sepa en dónde y a qué horas puede sorprender a un comisario y atentar contra él?

Nada de lo anterior ha servido, bien podríamos volver al “polecía” a bordo de una patrulla destartalada y con un rifle viejo con unos cuantos tiros, y el resultado sería el mismo que ahora.

Pero no importa, el gobierno seguirá contratando más oficiales para sustituir a los que ya no están, y mientras las familias de los comisarios asesinados que lloren, el resto de los ciudadanos vivamos con temor e incertidumbre, y los criminales sean felices sabiendo que no pueden contra ellos y que hasta se está sugiriendo que el hecho de delinquir o no, sea decisión suya, como lo plantea la 4T.

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