Opinión

Los comités vecinales

Hace unos días, platicando con los vecinos me comentaron que les fue muy bien en la conformación del Comité Vecinal del barrio.

Que las autoridades de Tepa convocaron a una sesión, invitaron a los vecinos, fueron pocos, pero que estuvo bien, que valió la pena.

Dijeron los vecinos que les presentaron a muchos funcionarios. Que ahí les explicaron lo que cada uno de los departamentos del gobierno hace, para qué sirven, cómo se llama cada uno de los directivos y que, de ser necesario, los Comités Vecinales pueden presentar sus solicitudes, las peticiones o las exigencias. Que son el mecanismo para encausar las inquietudes de la población hacia las autoridades.

Los vecinos que acudieron a la reunión se dijeron preocupados porque casi nadie fue. Casi nadie de tantos y tantos que viven en la colonia.

A decir verdad, a esas reuniones de los llamados Comités Vecinales no va la gente porque no creen en el gobierno, cual sea su color. A la gente no le gusta participar. La gente prefiere que unos cuantos se encarguen de organizar, de reclamar, de pedirle al gobierno. Y la gente del gobierno también prefiere que la gente no participe, o que no participe mucho, sobre todo cuando se trata de peticiones, porque luego el dinero no alcanza, o las herramientas o las patrullas.

La gente pide desde hace muchos años lo básico: que recojan la basura, que reparen las lámparas, que limpien los lotes baldíos, que pase seguido la policía, que tapen los baches, que llegue agua suficiente y limpia. Esas son las peticiones de cajón, las de siempre, en cualquier rumbo del pueblo.

Las autoridades por su parte son las únicas que saben para dónde van, qué planes tienen y qué obras podrían hacerse de manera extraordinaria.

Si al pueblo le explican sobre los “grandes planes” o “las grandes inversiones”, la gente no se emociona, a menos que se le involucre en la obra, en el empleo o le mejore las condiciones de vida, de seguridad o de infraestructura en su barrio. Es decir, a pocos les importa si el gobierno anuncia una cancha deportiva, a menos que esté en su fraccionamiento. A pocos les llama la atención que se haga una calle en concreto, a menos que sea por donde transitan. Y así las cosas.

Lo cierto es que, aunque ya pasó casi un año de arrancada esta administración, aún siguen conformando Comités Vecinales.

Yo soy de la idea que sirven de poco. A la autoridad le ayudan a decir que son demócratas sus decisiones. A la gente le sirve para que les ayuden a los que quedan en la Mesa Directiva para tener comunicación directa ante los funcionarios.

En pocas ocasiones, como en ésta que me platicaron, sirven para resolver problemas específicos que no tienen qué ver con temas particulares. Me dicen los vecinos que tras hacer su Comité, pidieron a Astepa atender un cauce de aguas negras que provocaba la presencia de muchas moscas. Dicen los vecinos que arreglaron el problema muy rápido, después de hablarlo frente al director de Astepa la noche en que crearon el Comité Vecinal.

Entonces, ya supe que sí, que si funciona eso de hablar en corto con los funcionarios, dentro de un Comité vecinal.

Entonces propongo que, en lugar de abrir las oficinas municipales de 8 a 4 de la tarde, mejor se organice el gobierno en hacer reuniones vecinales, a donde vayan los directivos, hablen directo con los vecinos y, entonces resuelvan las quejas de los pobladores. Así resolveríamos varios problemas: los que padecen los vecinos, la operatividad de la burocracia y la eficiencia en la atención de las quejas.

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