Opinión

Algo raro está pasando

No sé si serán mis nervios, mis temores o mis buenos deseos, pero de unos días para acá he notado un cambio de actitud en el presidente López Obrador. Lleva pocos días ese cambio, apenas once, concretamente desde el día 27 de agosto cuando se anunció en su conferencia de prensa mañanera el arreglo que tuvieron la CFE y las compañías constructoras de gasoductos, cuando estuvo a su lado y habló el magnate Carlos Slim.

Y es un cambio notable, cuando lo he notado. El hombre al que he calificado de antidemocrático, autoritario, megalómano, mesiánico, con ínfulas de dictador, además de corrupto, mentiroso, hipócrita, ladrón y hasta asesino, podrá seguir siendo todo eso, pero me parece que en lo primeramente mencionado ha dado muestras recientes de que es, o de que quiere ser un demócrata.

La intención original de este comentario era señalar las fisuras que se empiezan a ver en su partido Morena, que como era de esperarse con el ejercicio del poder comienza a desgastarse. Le pasó al PRI, le pasó al PAN y le pasó al PRD, ¿por qué no habría de pasarle también a Morena? El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente y Morena tiene el poder casi absoluto en estos momentos, nada tiene de raro entonces que sus principales personajes comiencen a sacar las uñas y a tratar de agandallarse unos a otros haciendo crujir la unidad y la estructura de Morena, tanto que Andrés Manuel López Obrador amenazó ya con salirse del Partido si no se aplacan.

Los primeros crujidos, o los más fuertes al menos (crujido, dice el diccionario, es un sonido seco producido por algunas cosas como el hueso o la madera al romperse, el papel al ser arrugado, la seda al rozar consigo misma, o los dientes al apretarlos y moverlos unos contra otros), se empezaron a oír en las Cámaras de Diputados y de Senadores, en ésta el más fuerte, y en la primera el más prolongado. Hasta el jueves por la noche seguía el conflicto, a pesar de que su ex presidente Porfirio Muñoz Ledo les advirtió que a las 12 de la noche se convertirían en calabazas los integrantes de la Mesa Directiva, haciendo alusión al cuento de La Cenicienta.

La bronca mayor se dio en la Cámara de Senadores, en la que el presidente de la Directiva Martí Batres estaba empeñado en continuar en el cargo, a lo que se opuso el coordinador de la bancada de Morena Ricardo Monreal, quien ganó. No sé si le ganó sólo al grupo de Martí Batres (que incluye a Yeidcol Polevnski y a Díaz Polanco), o incluso al presidente AMLO, pues toda la mañana previa a la terminación del conflicto, diputados y senadores de Morena estuvieron reunidos con éste que trataba de conciliar (fue cuando dijo que si seguían con su desmadre preferiría salirse del Partido, así de grave).

En la Cámara de Diputados un grupo de estos pretendían no sólo que Morena siguiera presidiendo la Mesa Directiva (cuando por ley el segundo año le toca a la segunda fuerza, en este caso al PAN), sino que siguiera siendo presidente el propio Muñoz Ledo, quien llegó a decir “sufragio efectivo, sí reelección”, frase por demás desafortunada viniendo de Él, para lo cual se pretendió reformar la Ley y se armó la de Dios es Cristo. Al resto de los diputados -incluso a algunos de Morena- no les gustó que se rompieran los acuerdos en este sentido y que Morena faltara a su palabra, y aquello se volvió una cena de negros.

El asunto se arregló cuando Muñoz Ledo se ausentó de la reunión durante cinco horas y regresó diciendo que había rectificado, que ya no quería seguir siendo presidente de la Mesa Directiva. Y la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero les dijo a los diputados, de parte del presidente López Obrador, que le estaban causando un enorme daño a la Cuarta Transformación. Ahí terminó el problema, los morenistas gandallas desistieron de reformar la Ley y aceptaron cederle la Mesa Directiva al PAN.

¿A dónde cree usted que fue Muñoz Ledo durante esas cinco horas que se ausentó de la Cámara? Yo no lo vi, no me consta, pero supongo que estuvo reunido con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien a la mañana siguiente calificó de que era una vergüenza lo que pretendían hacer los diputados de Morena, dijo que qué bueno que se había arreglado, y que igual debería suceder en Baja California, donde el gobernador electo de Morena para un periodo de 2 años, hizo que los diputados modificaran la Ley para quedarse cinco años en el cargo. No está de acuerdo López Obrador.

Por eso digo que me parece que hay un cambio en la actitud de AMLO, se está mostrando como un demócrata. No aprobó (o por lo menos se resignó a que así fuera ante el embate de Monreal) la reelección de Martí Batres en la Cámara de Senadores, no aprobó que su partido Morena modificara la Ley para continuar en la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, y no aprueba la prolongación de mandato de su amigo Jaime Bonilla en Baja California. Ya no sé si sigue pensando en su propia reelección…

¿A qué se debió ese cambio? no lo sé. Lo empecé a notar a partir del arreglo (seguramente ordenado por AMLO a Manuel Bartlett) entre la CFE y los constructores de gasoductos, presionado por los líderes empresariales que se ofrecieron como mediadores, con éxito, entre ellos y en forma muy destacada por obvias razones don Carlos Slim, quien hizo uso de la palabra -como dicen en las cortes y en los mítines- en la mañanera del día 27 junto a López Obrador.

Hay quienes vieron en esto una señal, la señal de que los empresarios más poderosos del país ya comenzaron a intervenir ante el caos que está provocando la 4-T y que el presidente AMLO por fin lo aceptó, y que por fin está escuchando a alguien, en este caso a Carlos Slim. No sé si sea así, no lo creo, pero sí pareciera que López Obrador está escuchando a alguien…

O también es posible, y hasta probable que López Obrador haya dado un manotazo de autoridad sobre su escritorio y les haya dicho: “Dejen de estarme alebrestando a la gente con sus ambiciones personales, me están echando a perder mis planes, tú Batres olvídate de tu reelección en el Senado, ustedes señores diputados de Morena olvídense de la Mesa Directiva y déjensela al PAN, y tú Bonilla olvídate de gobernar 5 años en Baja California, te eligieron para 2, cálmate ya. Si siguen con eso, cuando llegue el momento de mi reelección la gente va a estar tan irritada que se puede frustrar, no me le estén dando señales de lo que le espera. Déjenme molestarla sólo yo con mi corrupción, ya di órdenes de que no se investigue a mi amigo Ricardo Salinas por la Estafa Maestra aunque está metido hasta el cuello, ya ordené que defiendan a Manuel Bartlett y sus 23 casas y terrenos, y ya gestioné también que el juez que lleva el caso de la compra de Fertinal no cite ni a declarar siquiera a mi amigo José Antonio Meade, con eso tiene el pueblo para estar irritado, con saber que soy igual de corrupto que los más corruptos del PRIAN, no lo provoquen más o se puede dificultar aún más mi reelección, ¡sacrifíquense por la Cuarta Transformación con un carajo!”.

Y ¡saz!, se acabaron los problemas políticos del momento y se enviaron señales de que López Obrador es un auténtico demócrata y respetuoso de la ley. ¿Cuál de estas versiones prefiere usted?

Mi conclusión es que si Él evitó tres reelecciones, nosotros los hombres y mujeres libres de México evitaremos la suya.

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