Opinión

Piedras convertidas en diamantes

Iba un hombre por el desierto, tenía que cruzar un largo tramo para llegar a su destino, escuchó una voz que le decía que recogiera piedras en el camino pero en su voz interior decía ¿Y para qué quiero piedras? Si va a hacer que mi camino sea más difícil y más pesado.

Volvió a escuchar la misma voz que le decía “recoge las piedras” y esta vez la voz le dijo: 

– Si lo haces, al final sentirás gran alegría pero también tristeza.

Por curiosidad recogió algunas para ver qué pasaba y cuando llegó a su destino días después miró su morral y vio que las piedras que había recogido eran diamantes y se llenó de alegría pero sintió mucha tristeza por sólo haber recogido unas cuantas.

Eso nos pasa cuando a lo largo de nuestra vida no nos esforzamos para agradar a Dios y queremos hacer todo fácil y sin compromiso y después de que lo que hacemos bien viene con frutos y bendiciones nos lamentamos por no haber hecho eso más seguido.

Todo sacrificio y toda obra buena ofrecida por Dios tendrá su recompensa.

Cuántas veces a lo largo de nuestra vida podemos ir juntando esas piedras que son cada una de las oportunidades de sacrificarnos por los demás, como por ejemplo compartiendo un alimento, una fruta o un dulce con quien no tiene y sobre todo compartiendo mi tiempo con alguna persona que vive sola o está triste.

Todas esas obras buenas serán como diamantes que Dios Nuestro Señor nos mostrará cuando llegue la hora de nuestra muerte.

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