Opinión

¿Nos representan o no?

Por Faby G. Ontiveros

Hace unos días platicando con una señora en la oficina, me dijo que a ella le gustaba leer en el periódico a una que “como que siempre está haciendo corajes”. “Ahí me tiene bien emocionada -dijo- cuando sale su columna, a lo mejor eres tú…” Le dije que sí era yo, aunque me dio mucha pena y le di las gracias.

La mayoría de las veces no estoy haciendo corajes, pero cuando sí, vengo y escribo.

No quería hablar de la marcha de las mujeres en la Ciudad de México porque se ha dicho de todo ya, tanto de uno como de otro lado, pero tuve un montón de sentimientos encontrados con ese evento. 

Les cuento cómo lo vi:

Que se organizaran para salir a las calles (qué bueno, nos tienen hartas), que gritaran a todo pulmón (¡Eso, hermana!), que la diamantina rosa (y que diga que le fue bien), que las críticas para Sheinbaum (es una pobre estúpida, la verdad), que la estación del metrobús destrozada (oye…), que el Ángel de la Independencia rayoneado (a ver, espérenme tantito, ¿qué?), y que el reportero tacleado (ya valió madre…), publicaciones por todos lados con el hashtag #AMíNoMeRepresentan y muchas otras con el #AMíSíMeRepresentan.

Siento como si todos los que están en contra de los reclamos de las mujeres hubieran estado esperando ese momento del reportero para decir: ¿Ven? Por eso les pasa lo que les pasa, son bien salvajes ustedes también, y rapidito a desacreditar el hartazgo de las mujeres.

Oigan, a mí tampoco me parecen los destrozos y la agresión a alguien que nomás está haciendo su chamba, pero yo sí apoyaba esa marcha.

Cómo no apoyar después de leer sobre Otilia, la abuelita de 70 años que violaron y golpearon hasta matarla en Iztapalapa, o sobre Teófila, la otra abuelita de 73 años que mientras se estaba bañando también violaron y golpearon en la cabeza para que no reconociera a su agresor en Huayacocotla, Veracruz. Se me salen las lágrimas y me EMPERRA, oigan, si hubiera estado en la Ciudad de México hasta yo hubiera salido llena de furia a gritar con el pecho caliente y el corazón roto. No importa que esas señoras no hayan sido mi familia, me imagino a mi abuelita que al final de su vida ya no podía ni caminar siendo víctima de algo así y me empieza a girar la cabeza como en El Exorcista, se merecen que alguien luche por ellas y vaya a gritarle a quien tenga oídos que ya estuvo bueno, claro que sí.

Mientras tanto en el país, los memes. Los hombres sintiéndose atacados y que todo mundo los ve feo ahora nada más porque son hombres, diciendo que ya no van a poder caminar cerca de una mujer sin sentirse incómodos porque no vayan a pensar que les quieren hacer daño. Me da un poco de risa la verdad, porque justo así es vivir siendo mujer, pero tampoco se trata de eso.

No se trata de ser mujeres contra hombres. Yo no soy mejor que un hombre, y un hombre no es mejor que yo. Tampoco les tengo miedo a todos los hombres y definitivamente hay muchísimas mujeres que tampoco me inspiran ni un cacho de confianza.

No quiero que los hombres paren todo para ponerse de nuestro lado y defendernos, con que nos respeten es suficiente. 

Las mujeres de la marcha no odian a todos los hombres, y espero que no se sientan más chingonas moralmente que ellos porque no lo son, nomás les llenaron el buche de piedritas a un montón al mismo tiempo.

He escuchado a hombres muy cercanos a mí decir pestes de las “pinches feminazis” como las llaman, metiendo en un mismo costal a las que piden justicia e igualdad de condiciones por las que no pueden y a las que gritan con los pechos descubiertos que les corten el pene a los hombres. No está bien. Amigos, dense cuenta de que hay una diferencia. Nosotras no acusamos a TODOS los hombres de violentos y violadores, ¿verdad?

A veces tengo toda esa información como si fuera mucho ruido en mi cabeza, esos murmullos que no paran, ¿saben? como lo que se oye en un restaurante, y luego abrazo a mi sobrino bebé y todo ese ruido se apaga un poco. 

¿Qué nos queda? Le pregunto constantemente a mi hermana, la mamá del bebé. Enseña a tu hijo a ser mejor que esto, le digo. Enséñale a respetar a las mujeres y ya con eso lo enseñas a tratarlas bien, a ellas y a todos, y si algún día yo tengo hijos haré lo mismo, que a lo mejor lo de ayer ya está bien jodido, pero lo de mañana no tiene por qué estarlo.

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