Opinión

Seguridad Pública

Tepatitlán era una isla en lo que se refiere a la seguridad pública. Era un oasis en medio del desierto ardiente de violencia, asesinatos, ejecuciones, secuestros y extorsión que quema a casi todo el país. Y sin embargo van dos directores de Seguridad Pública que son asesinados por la mafia. Tal vez gracias a ellos y a otros que han ocupado su lugar, a su rectitud y lealtad, se deba que haya habido paz en Tepatitlán durante tanto tiempo, tiempo que parece haber llegado a su fin ayer.

El primero fue Víctor Muro, a quien asesinaron siendo presidenta municipal Cecilia González, que en paz descanse también. Se dijo entonces que su muerte se debió a que no quiso pactar con el narco. Y ahora (ayer) al comisario Arturo Gómez Vargas, quien era subdirector en el trienio anterior durante la presidencia del doctor Hugo Bravo, y que ascendió a director cuando renunció Juan José González, antes de que llegara la señora María Elena de Anda a la Presidencia.

Juan José González renunció porque, dijo, el alcalde Hugo Bravo aceptó a varios mafiosos en las filas de la policía municipal, “entre Él y el Subdirector aceptaron a varios mafiosos en la policía”, dijo entonces Juan José González, quien actualmente se desempeña como comisario en Encarnación de Díaz.

Desde entonces se quedó al frente el hoy occiso -como dicen los reporteros de policiaca- y ahí se siguió de largo, con el visto bueno, supongo, del gobernador Enrique Alfaro, quien por lo que se ve no las tiene todas consigo en lo que a la seguridad pública se refiere. Sabe con quién se enfrenta y cree poder enfrentarlos, cree que tiene experiencia porque trató con ellos en Tlajomulco, pero no es lo mismo gobernar al Estado, los intereses de la mafia son más grandes y más fuertes y están resultando incontrolables. Un municipio no tiene encima los reflectores de la prensa nacional, un Estado como el de Jalisco sí, no puede el gobernador hacer como que no ve y no oye, son varios los grupos criminales que se disputan un territorio tan amplio, y en esa disputa se puede estar sólo del lado de uno, hay que lidiar con todos los demás, especialmente con los más fuertes. Y en esa lidia cae gente de lado y lado.

La paz de la que se disfrutaba en Tepatitlán podría deberse a que los directores de Seguridad Pública (llamados ahora comisarios) eran personas rectas, incorruptibles, insobornables, que no se dejaron someter por ningún cártel de la droga, o bien a que tratándose sólo de un municipio al que es posible controlar, tenían todo bajo control y no había ninguna disputa por el territorio al trabajar sólo un cártel.

Aunque hay otra explicación acerca de la tranquilidad. Alguien me dijo que se debía a que la región y concretamente el municipio de Tepatitlán es una zona altamente productora de alimentos, de huevo, de pollo, cerdo, carne de res y de granos, y que por eso el gobierno de la Federación no le quería dejar la plaza completamente a la mafia que gobernaba al Estado, y que por eso tenía aquí a policías federales y a soldados para contrarrestar la presencia y dominio de la zona por parte de policías estatales, que no permitía aquí ni la entrada de los Zetas ni que hiciera de la suyas (con violencia) el CJNG, para que la región pudiera producir en paz los alimentos que necesitan en el altiplano.

Pero esta explicación me parece que tiene su origen más bien en el orgullo alteño, que cree que los naturales de esta tierra fueron hechos a mano por Dios y que son especiales. No lo sé, es posible que el gobierno federal sí tuviera en cuenta la producción de alimentos y que en algún momento hubiera decidido y ordenado: “Nomás a Tepatitlán no me lo toquen”.

Cualquiera que haya sido la causa de la tranquilidad, ésta ya no existe. Todo está fuera de control. Las mafias del narcotráfico y del guachicol pelean cada centímetro del territorio de este país, y si no les temen ni a los soldados y marinos a los que reciben a pedradas sin que se puedan defender porque son las órdenes que tienen, de que se dejen humillar y lastimar sin hacer uso de la fuerza legítima que les concede la ley, mucho menos les van a temer a los policías federales, estatales y municipales, a los que asesinan impunemente porque el poder de fuego de los criminales es superior al de la policía.

No puede el nuevo gobierno de la República contra la delincuencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador es un tonto que sólo sabe mentir, engañar, lloriquear y culpar a los gobiernos anteriores de todo lo malo que pasa en el país; no puede el gobernador Enrique Alfaro con la seguridad en el Estado, es sólo un bravucón de cantina que mata y entierra pero sólo con la lengua, si le matan a fiscales, a policías ministeriales y a comisarios, qué puede esperar la gente de a pie; y obviamente no puede la autoridad municipal garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

Puede haber en Tepatitlán destacamentos de la Guardia Nacional con su carabina de Ambrosio cada elemento, del Ejército Mexicano, de la Marina Armada de México, de la Policía Federal, de los negritos de la Policía Estatal, y cientos de elementos de la Policía Municipal, paro si ya decidieron los mafiosos disputarse el territorio de Tepatitlán, si ya llegó a la plaza otro cártel a hacerse cargo, ya no hay mucho que hacer.

Recuerdo en Veracruz cuando llegaba otro cártel a barrer a los que dominaban la plaza, primero se daban obviamente entre ellos, ocurría una matanza hasta que dominaban los recién llegados, y a continuación asesinaban a los distribuidores de drogas que trabajaban para el jefe anterior, a los policías que le servían y a los periodistas que tenía comprados también, conocí casi a todos.

Algo así está pasando en Jalisco. Un día antes de ser asesinado el comisario de la policía de Tepatitlán Arturo Gómez Vargas y su escolta Juan Manuel Hernández Galván, habían asesinado a uno de los fundadores del CJNG en la Plaza Galerías de Guadalajara; y días antes a un fiscal regional por el rumbo de La Barca, y poco antes a varios agentes ministeriales en Guadalajara. Se están disputando la plaza y no hay quién pueda meter el orden, no hay gobierno en el país, y los del Estado y el Municipio no pueden contra la delincuencia organizada. Sólo queda encomendarse a Dios y estar preparados.

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