Opinión

Lluvias

Cada año es lo mismo, esperamos con ansia las lluvias de finales de primavera o de verano y cuando se retrasan por unos días o semanas nos preocupamos y decimos que esta vez no será un buen temporal.

La mayoría de nosotros no tiene la certeza si este año llovió más, menos o igual que en los pasados, solo tenemos alguna impresión de ello, pero son los meteorólogos los que sí tienen registros exactos de cuánto llovió en determinado periodo de tiempo.

También, los que tienen la dicha de vivir junto a un cuerpo de agua o bien se dedican a la agricultura, pueden saber si tal año fue bueno en lluvias y no sólo tener una impresión.

La cosa es que cuando caen los primeros aguaceros nos da mucho gusto: huele a tierra mojada, se va el calor, los paisajes comienzan a ponerse verdes y húmedos. En fin, es probable que a todo el mundo o a la inmensa mayoría le guste la lluvia y no la sequía de los campos.

Pero cae una tormenta más o menos intensa o ya no se diga una tromba en algún lugar porque se viene la pesadilla de las inundaciones, pérdidas materiales y hasta humanas y en el menos peor de los casos una calle dañada por tanta agua.

Una tía política de Veracruz, donde abunda el agua de forma natural y los ríos tienen el ancho de varias cuadras, me dijo una vez “venimos de donde hay caudalosos ríos y nos estamos ahogando en unos chasquidos de agua en Jalisco”.

Y es que en esta parte del país una lluvia copiosa es una calamidad; no hay año donde una comunidad no se vea afectada por algún aguacero.

Algo hay mal en esto, no puede ser que después de la euforia por las primeras lluvias del año después sean días de temer que alguna tormenta de pocos minutos cause alguna desgracia en alguna parte del país.

Es evidente que el clima y el entorno ha sido modificado por culpa de la civilización y ahora nos tengamos que aguantar y atenernos a las consecuencias, pero parece que hay algo más que todo mundo ha pasado por alto.

Quizás sea el hecho de que se construyen casas, fraccionamientos enteros, en lugares donde aparentemente todo está plano y que cuando llueve surjan ríos de la nada y hagan de las suyas entre las colonias.

Quizás sea también que se ha modificado el paisaje, talando árboles, quitando laderas, cerros, cuencas, para luego hacer todo plano y poner cemento, sin que nadie tome en cuenta de que el agua de lluvia puede recorrer kilómetros y retomar lo que alguna vez fueron sus cauces.

La voracidad urbana tiene una tarifa, la cual normalmente es cobrada cada verano con las lluvias.

Así pues no sólo es el calor excesivo por tanto humo y fuentes de combustión ardiendo, no sólo es la capa de ozono, no sólo es la destrucción de la flora y la fauna en lugares recónditos, el medio ambiente fácilmente es alterado con cosas más sencillas, como edificar un inmueble en un lugar donde antes había un árbol o una corriente de agua.

Y no se aprende la lección, si se aprendiera por lo menos se dejaría de construir en los lugares donde se ha visto que se inunda año con año, pero ni eso, y ni soñar con restituir el paisaje original para que las corrientes de agua pasen sin causar daños.

Buena suerte pues con las lluvias y ojalá no causen grandes daños este año.

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