Opinión

El agua de Los Altos se va, como el tiempo

El debate sobre las presas que se construyen o se debieran constuir en Los Altos de Jalisco tiene ya unos 30 años.

Y después de tres décadas los alteños seguimos peleando el mismo tema, con las mismas posiciones, pero sin agua en las casas de los pueblos alteños.

En los años ochenta del siglo pasado los gobernantes, de Jalisco y del país, proyectaron hacer una serie de presas, un sistema le llamaban, con el fin de dotar de agua a los millones de habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara. La idea era, sigue siendo, usar el agua que corre por el Río Verde, para darle de beber a los tapatíos.

Así se construyeron varias presas, todas en Los Altos, afectando a los alteños, para saciar la sed de los tapatíos: La Red en Tepatitlán, Calderón en Acatic y El Salto en Valle de Guadalupe.

Hubo otras presas que no se alcanzaron a hacer y siguen en polémica: San Nicolás, Zapotillo, Purgatorio y la que sea, sobre el Río Verde, para cumplir con el Sistema La Zurda. Proyecto planteado hace más de 30 años.

Lo que destacamos hoy, año 2019, no es la oposición de Temaca, Acasico y Palmarejo para evitar inundarse; no. Ese no es el tema hoy.

Lo de hoy es subrayar la posición política de todos quienes han llegado o pasado por los gobiernos: municipales, estatal y federal, desde hace casi 40 años.

Ni PRI, ni PAN, ni Movimiento Ciudadano, ni Morena, han atinado a resolver el entuerto. Todos, juntos o por separado, han usado el tema del agua en Los Altos para hacer campañas, mítines, marchas, pronunciamientos o hasta firman acuerdos y convenios, pero nadie atina a resolver el abasto de agua para las sedientas poblaciones de Los Altos.

Lo anunciado hace una semana por los gobernadores de Jalisco y Guanajuato sobre la presa El Zapotillo no es nada nuevo. Nos lo presentan como un gran acuerdo, cuando en realidad es sujetarse, otra vez, a lo acordado desde los años noventa del siglo pasado, es decir, que el agua del Río Verde sirva para abastecer a los tapatíos, luego a los alteños y después a los leoneses. Nada nuevo.

Y es que hay tres problemas por resolver en estos anunciados convenios:

Primero: ¿Quién pagará por las presas y los acueductos necesarios para cada población?

Segundo: ¿De dónde sacarán el dinero los municipios alteños para hacer sus “derivaciones” para que el agua les llegue?

Tercero: ¿Si la altura de la cortina de El Zapotillo queda en 80 metros, no se hace El Purgatorio, tomarán agua de El Salto para Guadalajara y se la quitarían a Tepa?

Rasgarse las vestiduras con posiciones localistas no ha servido de mucho. Publicar desplegados en los periódicos no les garantiza a los alcaldes alteños recibir dinero para hacer sus acueductos y, seguir peleando entre alteños por saber quién tiene la razón jurídica sobre las obras de El Zapotillo, sólo les ha permitido, a algunos cuantos, llenarse los bolsillo de dinero, por tanto juicio, amparo, estudios y contraestudios.

Hemos discutido por 40 años; hemos debatido por mucho tiempo y no alcanzamos acuerdos ni obras, ni beneficios.

El tiempo se nos ha ido, igual que el agua que cada año corre por el Río Verde.

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