Tristes recuerdos

El tiempo pasa y no te puedo olvidar/te traigo en mi pensamiento constante, mi amor/y aunque trato de olvidarte cada día te extraño más. Así empieza más o menos la letra de la canción que cantaba mi casi paisano Atonio Aguilar. Y digo que el famoso charro zacatecano era casi mi paisano porque yo nací en los límites de Jalisco y Zacatecas, y cuando era yo niño, para viajar de mi pueblo a Guadalajara el camión pasaba por Tayahua, Moyahua y Villanueva, Zacatecas, y por el rancho El Soyate donde nació José Pascual Antonio Aguilar Márquez Barraza como se llamaba el cantante.

Tal vez por eso me gustan mucho las canciones de Antonio Aguilar, crecí con su música y esta de “Tristes recuerdos” es una de mis preferidas. La recordé esta semana al saber de la protesta de la Policía Federal y del enfrentamiento entre ésta y el presidente López Obrador. Acudieron a mi mente tristes recuerdos.

¿Recuerda usted que hace unos meses, en febrero, fue el presidente López Obrador a Badiraguato, Sinaloa la tierra del Chapo Guzmán?, ¿recuerda que las hermanas del capo preso en Estados Unidos le pidieron que les otorgara unas visas humanitarias para poder visitar a su familiar?, ¿recuerda que su madre (la mamá del Chapo Guzmán) le pidió a AMLO que trajera a su hijo de regreso a México?

Y una semana después, quizás lo recuerde usted, aparecieron en Guadalajara y en otras ciudades como Hermosillo, Sonora varias narcomantas que decían “Comienza la limpieza en el país venimos con todo el apoyo del gobierno federal Regresa la vieja escuela bienvenidos al diálogo todos los carteles o se aliean o los alineo. Atte: Mayo Zambada”

Recordará usted que durante esa gira del presidente López Obrador un grupo de madres le reclamaron que su gobierno hubiera cancelado el apoyo para las guarderías infantiles, y que AMLO, molesto, les dijo “Ya, ya, ya…” y las mandó al carajo. En cambio a los pocos días dijo que les conseguirían las visas humanitarias a las hermanas del Chapo Guzmán para que pudieran ir a Estados Unidos a visitarlo, e informó que ya había dado instrucciones (se entiende que a la SRE) para que se viera qué se podría hacer para repatriar al fundador del Cártel de Sinaloa, mismo que actualmente dirige el Mayo Zambada, el de las narcomantas pues.

No digo que el presidente López Obrador haya ido a Badiraguato a ponerse a las órdenes de la familia de Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera, sólo hago notar la diferencia del trato a las madres que le exigían apoyo para las estancias infantiles, y el que le dio a dicha familia: deferente, diligente, atento y oportuno.

Y por último, ¿recuerda usted que tres años antes, el 8 de enero de 2016 el Chapo Guzmán fue detenido en Los Mochis, Sinaloa por dos agentes de la Policía Federal? Se dijo que el Capo les ofreció todos los millones de pesos que quisieran a cambio de su libertad, pero los agentes lo rechazaron y lo condujeron a un hotel donde esperaron a que llegaran los marinos para que se hicieran cargo del detenido.

Todo esto, todos estos tristes recuerdos, la captura del Chapo Guzmán por parte de la Policía Federal, la visita del Presidente López Obrador a Badiraguato, la atención diligente a sus familiares, y las lonas colocadas supuestamente por el Cártel de Sinaloa que fundó Guzmán Loera, ¿no tendrá que ver todo esto con el odio que parece sentir AMLO contra la Policía Federal?

Desde antes de que tomara posesión de su cargo el presidente Andrés Manuel López Obrador empezó a ningunear, a sobajar y a humillar a la Policía Federal, y recientemente, con motivo de la integración y entrada en funciones de la Guardia Nacional, se les trató mal, se les discriminó, se les ofendió y se les llamó fifís y corruptos, a todos, según el Presidente esta policía se echó a perder.

¿Por qué -me pregunto- tanto rencor contra la Policía Federal por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador? Si hay corruptos, que los debe haber y muchos, que se les denuncie, investigue y se les meta a la cárcel, pero agarrar parejo contra todos…

Ciertamente los elementos de la Policía Federal no son hermanas de la caridad como la Madre Teresa de Calcuta, ciertamente han cometido abusos en algunas ocasiones, abusos tan graves que han incluido la muerte de algunos civiles. Pero por cada muerto civil a manos de policías federales, han muerto cien de estos en el cumplimiento de su deber, defendiendo a la sociedad del crimen organizado, los han torturado y asesinado por docenes en varias ocasiones. No se puede decir pues que todos sean corruptos, ni que la corporación esté echada a perder.

Yo he conocido y tratado a varios agentes de la Policía Federal, conocí a un capitán de apellido Huerta al que vi en una ocasión cómo se bajó de su patrulla para llamarles la atención a un grupo de jóvenes que le faltaron al respeto a una dama en la vía pública, eran cuatro ellos, así que envalentonado uno de ellos le dijo al Capitán Huerta “Y a usted qué chingaos le importa, usted váyase a vigilar carreteras”, el capitán le dio una cachetada y de inmediato se le echaron encima los cuatro mozalbetes. Les ha puesto una madriza el policía federal a los cuatro… que hasta la fecha no se les debe haber olvidado.

Conocí a otro oficial de apellido Cernuda, muy educado, atento, carismático él, es decir amable, de buen trato, que se llevaba bien con todos quienes lo conocían. Y muy valiente. En una ocasión en la Carretera Transístmica, por el rumbo de Matías Romero, Oaxaca paró a un tráiler para revisarlo pero cometió un descuido, era una trampa y cayó. Estacionó su patrulla atrás de la caja del tráiler ordenándole al conductor que bajara, y en esos momentos se abrieron las puertas del remolque y aparecieron dos tipos que lo ametrallaron y le dieron muerte.

Por lo general son personas valientes los elementos de la Policía Federal, valientes y preparados, últimamente ocho de cada diez tienen alguna licenciatura. Un muchacho, hijo de una amiga mía, estudió primero en la Universidad y al salir de ésta hace un año solicitó su ingreso a la Policía Federal y ahí trabaja. Son gente con estudios y entrenamiento para enfrentar a los criminales. Pero siguen siendo policías, no quieren ser militares y se oponen a ingresar a la Guardia Nacional. Y esto provocó ya la airada protesta de esta semana, que continuaba hasta ayer y que puede desembocar en algo más grave.

Dijo el presidente López Obrador que no se les va a reprimir. Pues no, si cuentan con armamento de alto poder y entrenamiento, intentar reprimirlos sería la mayor insensatez del sexenio, tanto que podría adelantar su final.

Y bueno, comenzamos esta columna con una canción, terminémosla con otra que se llama El Federal de Caminos, que cantaba Ramón Ayala y que habla precisamente de este tema. Y dice: En Reynosa Tamaulipas/los hombres son decididos/por eso los recordamos/cantándoles sus corridos/han matado allá en Zacatecas/a un Federal de Caminos. Era de verdad muy hombre/al peligro desafiaba/honor le hacía al uniforme/y a la escuadra que portaba/en las cachas tenía su nombre/Javier Peña se llamaba.

Fue un error del presidente López Obrador y del secretario de Seguridad Pública Alfonso Durazo enfrentar a la Policía Federal. Si se van de la corporación, irán a engrosas las filas del crimen organizado como hicieron los Zetas, ese fue el origen del grupo delictivo más despiadado en la historia reciente; y si se quedan, ¿cómo se podrá confiar en ellos?

No sé si para hoy habrá terminado ya el escándalo. Lo que sí sé es que aún con éste, hoy estamos mejor de lo que estaremos la próxima semana.

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